La Fiesta Nacional de la Chaya en La Rioja se convirtió este sábado en el escenario de un curioso fenómeno mediático y político: mientras la TV Pública evitaba mencionarla o hacerla pasar al frente, Victoria Villarruel «robó» cámara de forma espontánea mezclándose entre la multitud.
En una actitud que contrastó con la participación de Javier Milei en el Festival de Jesús María -donde el Presidente subió al escenario y cantó-, la vicepresidenta prefirió bailar con la gente, mostrándose cubierta de harina y con el tradicional ramo de albahaca en la cabeza, cumpliendo a rajatabla con el rito riojano.
Este intento de invisibilizar a la segunda autoridad del país por parte de la señal estatal remitió a las épocas más duras del kirchnerismo, cuando el aparato de medios oficialistas se centraba exclusivamente en la figura de Cristina Kirchner y «borraba» de la pantalla a gobernadores disidentes o al entonces vicepresidente Julio Cobos tras el conflicto con el campo. Sin embargo, la presencia de Villarruel no pasó inadvertida y terminó cobrando una relevancia política que sacude la interna de la Casa Rosada.
En un movimiento que profundiza su agenda autónoma, la vicepresidenta aterrizó en la provincia y fue recibida con honores por el gobernador Ricardo Quintela, uno de los mandatarios más enfrentados con el Poder Ejecutivo nacional.
El encuentro, según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, generó un fuerte impacto institucional, ya que Quintela, quien llegó a decir que el gobierno libertario estaba “acabado”, fue uno de los cuatro gobernadores explícitamente excluidos por Milei de las reuniones oficiales, junto a Axel Kicillof, Gildo Insfrán y Gustavo Melella.
Al descender de la aeronave, Villarruel fue escoltada por el mandatario provincial y los senadores nacionales Florencia López y Fernando Rejal, en un gesto de cortesía parlamentaria que marcó un fuerte contrapunto con el aislamiento que Javier Milei impone a las provincias opositoras.
Durante su contacto con los medios locales, la titular del Senado reafirmó su impronta federal: «Cada vez quedan menos provincias para dar la vuelta completa a la Argentina y el objeto es que sientan que pensamos en ustedes, que sepan que en Buenos Aires los tenemos presentes».
Este acercamiento resalta las diferencias metodológicas dentro del binomio presidencial. Mientras el Presidente sostiene una postura de confrontación abierta con quienes denomina «la casta provincial», Villarruel optó por el reconocimiento institucional y la cercanía popular en el territorio.
Con esta escala en La Rioja, la vicepresidenta consolida un perfil político propio que transita por carriles independientes a los de la Jefatura de Estado, apostando al diálogo allí donde el Gobierno central mantiene los puentes cortados.

