El cambio climático suele medirse en grados, emisiones o fenómenos meteorológicos extremos. Sin embargo, sus consecuencias también pueden traducirse en vidas humanas. Un estudio liderado por investigadores de la Universidad Católica Argentina (UCA) advirtió que el aumento de las temperaturas podría provocar entre 470.000 y 700.000 muertes prematuras adicionales por año en todo el mundo hacia 2050.
Los autores del trabajo son Mariano Rabassa y Christian García-Witulski. Según los especialistas, cada mes con una temperatura media superior a los 27,8 grados Celsius se asocia con un incremento de 1,44 puntos porcentuales en la inactividad física de la población. Ese cambio de comportamiento tiene consecuencias directas: el sedentarismo está vinculado con enfermedades cardiovasculares, diabetes, algunos tipos de cáncer y trastornos de salud mental.
“Nos interesa conocer cómo el calor modifica o no el comportamiento de las personas”, explicó Rabassa. “Desde hace varios años venimos trabajando en esta intersección que combina clima y salud”, agregó.

“Hicimos la extrapolación hacia el futuro y, en base al empleo de diferentes valores y estimaciones epidemiológicas de riesgo, calculamos la mortalidad que habrá”, señaló García-Witulski.
Además del impacto sanitario, el informe advierte sobre consecuencias económicas significativas. Los autores estiman que la pérdida de productividad asociada a la inactividad física provocada por el calor podría representar entre 2400 y 3680 millones de dólares anuales a nivel global hacia mediados de siglo.
El trabajo también revela una fuerte dimensión social. Las personas que viven en países de ingresos medios y bajos son las que tendrán más dificultades para adaptarse a las altas temperaturas. Mientras que el efecto promedio del calor sobre la inactividad física es de 1,44 puntos porcentuales, en las naciones más vulnerables asciende a 1,85 puntos.
“Lo que vimos es que no teníamos grandes efectos de la temperatura sobre la inactividad para los países de ingresos altos, mientras que el impacto era mucho mayor para los de ingresos medios y bajos”, indicó García-Witulski.

Las regiones más expuestas son Centroamérica, el Caribe, el este del África subsahariana y el sudeste asiático ecuatorial, donde coinciden altas temperaturas y menores recursos económicos.
Frente a este escenario, los investigadores sostienen que la adaptación no puede depender únicamente de decisiones individuales. Entre las medidas recomendadas aparecen el aumento del arbolado urbano, la creación de espacios verdes, sistemas de sombra en calles y parques y el fortalecimiento de las alertas tempranas por olas de calor.
“Tenemos que caminar una ciudad que esté preparada para afrontar altas temperaturas. Tiene que ser el Estado el que brinde mejoras”, afirmó Rabassa. Y lanzó una advertencia sobre el futuro: “Si el calentamiento no se frena, va a llegar un momento en que los efectos les llegarán a todos. Es imposible adaptarse a 60 grados”.

