Con el lema «San Cayetano, intercede ante Dios por la salud, el pan y el trabajo» la pequeña comunidad perteneciente a la parroquia Sagrado Corazón de Jesús celebró a su patrono.
Las actividades se desarrollaron en la gruta ubicada en calle Lamadrid y la ceremonia central estuvo presidida por el padre Hernán Oroná, quien en su homilía pidió a los presentes seguir los valores y ejemplos de San Cayetano.
Al respecto realizó un paralelismo respecto a lo que indicaba la primera Lectura y el Evangelio con la realidad que se vive.
«Las lecturas nos remontan a una comunidad de mucha mentira, rapiña, guerra, víctimas, esa es la imagen que transmite el profeta sobre el pecado de una sociedad que por favorecerse a si misma ha dejado de lado a los humildes, a los necesitados, a los inocentes, y los ha condenado a un lento morir. Si uno la trasladara a nuestra realidad podría ver que hay mucho de cierto en lo que hoy vivimos porque si uno va a las grandes ciudades encuentra en las periferias mucha pobreza, gente viviendo en las calles. ¿Por qué nos va así?, ¿será que Dios nos ha castigado? El profeta diría que no, ya que anuncia que viene el príncipe de la paz a devolvernos la dignidad».
«Es ahí donde uno puede empezar a pensar y preguntarse por qué estamos así y si es culpa de nosotros, de una sociedad que se ha construido en base a mentiras, a promesas a injusticias y eso ha ido dejando a muchos hermanos al borde del camino, abandonados, sin ayuda, sin asistencia. Uno por ahí no se hace la idea porque medianamente tenemos un plato de comida, un techo donde dormir, un trabajo, el cariño de una familia peron no todos tienen eso, entonces la tarea del cristiano -que quiere ser fiel a su maestro- es el de asumir la realidad de su pueblo y eso significa ser conciente de lo que pasa, no podemos mirar para otro lado cuando la realidad de muchos hermanos es dificil».
Más adelante destacó: «Ser fiel a Jesús significará asumir esa cruz como el mismo lo hizo por amor a nosotros. Eso nos lleva a un sacrificio, una entrega para ayudar a los demás recordando que hay sentido, un proyecto, una esperanza y ese reino se comienza a construir aquí de manera solidaria, creativa, ayudándonos los unos a los otros y esa es una tarea impostergable. Hoy se vive mucho lo que es la ley de la selva, el sálvese quien pueda y eso hace que vayan muriéndose en nosotros los valores, el sentido que Dios ha puesto en nosotros que es tener una mirada compasiva y generosa con los demás».
También remarcó que, «San Cayetano, con el corazón en el cielo y los pies en la tierra, descubrió que había muchas necesidades para cubrir en el pueblo, uno de ellas eran las espirituales porque estaba perdiendo la fe, no vivía su cristianismo como debía ser y puso todo su empeño y fundó la congregación ‘Los Teatinos’ que eran sacerdotes que daban el consuelo, ayuda espiritual y buscaban que reciban los sacramentos y de ahí esa frase de San Cayetano que decía ‘yo no voy a descansar hasta que vea gente correr a recibir a Jesús Sacramentado'».
«Esa conciencia de San Cayetano de entender que ahí está la respuesta o la solución a tantos dramas de la vida -continuó- significó para él entregar su vida a esta causa y en medio de las pestes que azotaba la región no miró para otro lado y se puso a trabajar por los enfermos aún a costa de contagiarse. Con sus hemanos sacerdotes salieron a asistir, a consolar a los enfermos, éstos son los valores, ejemplos y testimonios que nos trasmite, es la herencia y legado que ha dejado a los cristianos y principalmente a sus devotos, la entrega, la pasión por el evangelio, el querer dar la vida por Jesús y los demás».
En ese contexto indicó que, «más allá de lo que le puedan pedir, trabajo, salud y paz, está su testimonio que nosotros como cristianos asumimos sabiendo que tendremos que cargar con la cruz y entregarse al pueblo. Tomemos ese ejemplo en este tiempo que nos toca vivir, por un lado pidiendole a Dios que no muera en nosotros la capacidad de la compasión, la misericordia, poner el corazón, hacer propio el dolor de los hermanos, de esa manera se evitará que el corazón se vuelva frío y así mantendrá esa frescura de todo buen cristiano. No hay trabajo más lindo que trabajar para Dios».

