Tildado de “golpista” por sus enemigos, abandonado por su propio Partido Liberal e ignorado por la centroderecha brasileña, Flávio Bolsonaro quedó más aislado que nunca. Solo le queda el silencio de Javier Milei frente a la sospecha de ayuda oficial a su plan de fuga y un refugio dorado en Miami sin ningún poder de fuego.
En su autoexilio de la Florida, donde está acompañado por su familia y su hermano Eduardo, condenado a cuatro años de cárcel por coacción a la justicia, el derrotado candidato presidencial movió las piezas equivocadas en el tablero político brasileño y recibió hasta la reprimenda de su anfitrión, el presidente estadounidense, Donald Trump.
En menos de media hora, el primogénito de Jair Bolsonaro pasó de autodefinirse como el “verdadero presidente electo” a “líder” de su país. En el medio, Trump aclaró públicamente que no tomaría partido en ese tema. La rectificación fue inmediata.
El rápido cambio en el comunicado que divulgó en su primer día en la Florida fue el mayor papelón de su carrera política. La nota incluyó hasta un viejo escudo brasileño con la antigua denominación del país -Estados Unidos del Brasil- y que también debió apresurarse a correguir.
Washington no quiere más problemas con Lula y menos a pocos días de las elecciones de medio término del martes próximo. A Trump ya no le sirve acorralar al presidente reelecto. Brasil no será conservador, al menos por los próximos cuatro años. Eso sí, fiel a su estilo explosivo, dijo sin pruebas que las elecciones fueron “muy corruptas”, pero adelantó que igualmente hablará con el mandatario de izquierda.
“Flávio salió de las urnas con 60 millones de votos y abandonó el país justo cuando tenía la oportunidad de consolidarse como el principal líder de la oposición. Cambió el protagonismo político por el aislamiento”, resumió a TN el analista brasileño Murilo Medeiros, de la Universidad de Brasília (UnB).
La salida del país de Flávio Bolsonaro dejó un vacío en el liderazgo opositor y en la disputa por el legado electoral del líder del clan, Jair Bolsonaro, en prisión domiciliaria por una condena a 27 años de prisión por golpismo.
“Su ausencia acelera la emancipación política dentro del campo bolsonarista, con nuevas figuras -especialmente el reelecto gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas- buscando ocupar ese espacio”, dijo Medeiros.
Para el analista, “el bolsonarismo sigue conservando una fuerza electoral considerable”, pero “la familia Bolsonaro corre el riesgo de perder el monopolio de su representación política”.
En ese escenario, irrumpe en escena la figura de la ex primera dama, Michelle Bolsonaro, electa senadora en las últimas elecciones y con un fuerte peso electoral entre los evangélicos. Pero no es suficiente.
“Están surgiendo movimientos que buscan nuevos caminos y liderazgos más allá del núcleo familiar”, alertó Medeiros.
Toda la derecha le dio la espalda a Flávio Bolsonaro, incluso su Partido Federal, que reconoció el resultado de las elecciones y se despegó de sus denuncias de fraude. El resto de los partidos de la centroderecha brasileña, que respaldaron su candidatura en el balotaje, también dio vuelta la página y se apresta a organizar la oposición en el Congreso.
Denilde Holzhacker, directora del área de Investigaciones en la Escuela Superior de Publicidad y Marketing de San Pablo, dijo a TN que el hijo mayor de Jair Bolsonaro “perdió la oportunidad de ser el líder de la oposición, incluso porque la distancia hará que otros surjan y ganen más fuerza” en el territorio.
“Flávio cálculó que tendría más apoyo tanto del gobierno estadounidense, con un pedido de asilo que reafirmaría el concepto de la persecución política, como también de sus seguidores en Brasil. Entonces, en ese momento está, de hecho, más aislado”, indicó.
Además, la analista afirmó: “Tiene la narrativa de la persecución, pero perdió elementos capaces de ganar más fuerza, no solo internacionalmente, para tener apoyo de otros gobiernos y otros movimientos de derecha, sino también de la lógica interna, que ahora pasa a ser de cuestionamiento sobre su liderazgo, pero también sobre la supervivencia del liderazgo del clan Bolsonaro como portavoz de la derecha más radical en Brasil”.
Para Holzhacker, ya se observan movimientos de grupos y de actores políticos internos buscando asumir esa posición como posibles portavoces mucho más capaces de liderar los próximos años de oposición al gobierno Lula. Ahí surge clara la figura de Tarcisio de Freitas.
En un escrito enviado a TN, el analista Claudio Couto dijo que “si hubiera optado por permanecer en Brasil, Flávio habría estado en condiciones de sostener el bolsonarismo en la disputa por la hegemonía en el espectro político”.
“La ultraderecha es más amplia que el bolsonarismo, sin confundirse con él. Por lo tanto, el debilitamiento de la familia Bolsonaro tiende a socavar la hegemonía del bolsonarismo en la ultraderecha, abriendo espacio para liderazgos alternativos”, sostuvo.
Fuente: tn

