COVID-19: La segunda ola hace temblar al sistema de salud de Estados Unidos

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El recuerdo del mes de abril de 2020 todavía causa escozor en los Estados Unidos: unidades de cuidados intensivos saturadas, tiendas médicas en centros de exposición, barcos hospitales en los puertos de Los Angeles y Nueva York. Y aunque distintos estados, de la Florida a Arizona, de Texas a California, superaron un segundo pico de contagios de coronavirus en el verano boreal, los hospitales están encendiendo ya las alarmas sobre un posible escenario similar al del peor momento de la pandemia. Los ingresos de pacientes por COVID-19 han comenzado a aumentar en todo el país y, si bien la tasa de muerte se mantiene estable, podría ser solo una cuestión de tiempo.

La transmisión de SARS-CoV-2 comenzó a aumentar a mediados de septiembre, cuando muchos estados retomaron las clases presenciales —sólo el sistema escolar de la ciudad de Nueva York parece haberse mantenido seguro en esas circunstancias—, muchos comercios lograron reabrir y cada vez más personas regresaron a las actividades fuera de los hogares en los que habían pasado la mayor parte de las horas de los meses pasados. La población, además, está mentalmente agotada de las precauciones: Deborah Birx, coordinadora de las acciones de la Casa Blanca sobre el coronavirus, mencionó las salidas sociales y las reuniones familiares como circunstancias en las que la población bajó la guardia y encendió chispas de contagios.

A medida que se acerca el invierno, que traerá en sí mismo cuadros respiratorios estacionales, los gobiernos estatales se debaten sobre qué hacer. Algunos trazan planes —un lujo que no se tuvo en la primera ola— para desplegar hospitales de campaña; algunas comunidades analizan una y otra vez los planes de reapertura para que no resulten trágicamente contraproducentes. Ya la cantidad de muertes roza las 221.000.

En las últimas dos semanas los casos nuevos aumentaron un 34%, según The New York Times; el jueves 15 de octubre, por primera vez desde que habían comenzado a bajar a comienzos de agosto, las transmisiones detectadas treparon hasta superar las 60.000 en un día, informó The Washington Post. En algunos lugares, como los estados montañosos del oeste y el Medio Oeste, donde antes los contagios fueron moderados, pero también en la costa este como en Massachusetts y Nueva York, donde la situación fue grave, todo parece volver a empezar, observó Stat.

A pesar de la acumulación de más de 8 millones de casos, la mayoría de la población —hasta un 90% de los 330 millones de habitantes, según estimaciones federales— sigue siendo vulnerable al SARS-CoV-2. Y cuando se termine el diseño de una vacuna segura y eficaz —la forma de generar inmunidad sin infectarse— no todo el mundo podrá recibirla de inmediato, por cuestiones propias de la producción industrial. Es decir que el coronavirus tiene un gran margen de desastre potencial en los Estados Unidos.

Hoy Utah, que casi no llegó a las noticias en abril, registra más de 1.000 casos nuevos diarios, según el sistema de rastreo de la publicación especializada en medicina. “Nuestro sistema médico está casi en el punto límite”, advirtió Kimberley Shoaf, experta en crisis de salud pública de la universidad de ese estado.

Los expertos habían advertido que el verano era el momento para lograr una baja importante en la tasa de contagios, ya que una vez que llegara el otoño todo se complicaría, pero de junio a agosto hubo picos básicamente por la falta de precaución de las personas, hartas del confinamiento y otras medidas. Cuando el clima se vuelva más frío y seco, la capacidad de transmisión del virus será más eficiente. Y no conviene olvidar que también llega la temporada de la gripe, y la coincidencia de los virus es otro factor que amenaza la capacidad del sistema de salud.

Al 14 de agosto, los hospitales estadounidenses “informaron que tenían más de 37.000 pacientes de COVID-19, la cifra más alta de los últimos dos meses», señaló un informe de Advisory Board. Sólo el estado de Hawai ha mostrado una baja en la tasa de hospitalizaciones, señaló Axios, mientras que otros 12 estados se mantienen estables, entre ellos los muy poblados de California y Florida. Pero todos los demás —es decir 37, entre ellos Texas, Nueva York e Illinois, de alta densidad de habitantes— tienen subas en el porcentaje de hospitalizaciones.

Si bien ninguno ha superado hasta ahora los recursos con los que cuenta para manejar una crisis de COVID-19, “el aumento en las tasas de personas ingresadas es una señal de que las cosas empeoran, en un momento peligroso, y de que el virus puede causar daños graves”, agregó el sitio. “Estas cifras, combinadas con el incremento a nivel nacional de infecciones nuevas, confirma que la pandemia está empeorando en los Estados Unidos”. Y todavía no ha llegado el frío.

Muchos gobernadores que antes se resistieron a tomar medidas de salud pública como cierres, “han comenzado a evaluar la posibilidad de nuevas restricciones para aliviar la presión que sufren sus sistemas de atención médica”, coincidió Politico. En particular aquellos estados rurales, que en su mayoría tienen gestiones republicanas, se destacan: la red sanitaria es más pequeña y los casos aumentan como nunca antes. Entre ellos se cuentan Utah —que tiene la terapia intensiva al 95%—, Indiana —que enfrenta falta de profesionales de la salud—, Wisconsin, Oklahoma, Wyoming, Iowa, Missouri, Arkansas y Dakota del Norte.

“Los focos de la pandemia del país se han desplazado a las comunidades rurales”, explicó un análisis de Pew Trusts. “Eso abruma a los hospitales pequeños, que se están quedando sin camas o que no tienen cuidados intensivos para más de uno o dos pacientes graves. Y en buena parte del Medio Oeste y las grandes planicies los trabajadores de los hospitales se están contagiando el virus en sus hogares y sus comunidades, lo cual reduce las reservas ya escasa de médicos, enfermeros y otros profesionales”.

Stat destacó que hay algunos elementos —y son a favor— que quitan exactitud a la comparación del cuadro actual con el pico de la pandemia en la primavera boreal, como “la continua expansión de las pruebas de SARS-CoV-2”, lo cual implica “que se está diagnosticando una mayor proporción de casos ahora que antes”. No obstante, “la cifras en sí mismas” son “profundamente inquietantes”, agregó el sitio dedicado a temas de medicina. A eso hay que agregarle que este pico se monta sobre el que sucedió en junio, y que por eso, al haber una mayor cantidad de virus en circulación, “algunos casos pueden causar nuevas cadenas de transmisión, o puede haber eventos de súper propagación”.

En algunos lugares donde se concentran personas, como las universidades, algunas precauciones funcionan: uso de máscaras, reducción de la cantidad de asistentes, distancia social. Pero la naturaleza humana interfiere: “Lo que vemos cada semana que pasa es que las reuniones sociales son el riesgo, no simplemente vivir en estos ambientes”, dijo a Stat Preeti Malani, infectólogo y director médico de la Universidad de Michigan.

Del mismo modo que sucedió en junio en la Florida y Texas, los jóvenes parecen ser los principales motores de las nuevas infecciones, que han llegado a un aumento de casos diarios del 70% si se lo cuanta desde el 12 de septiembre. Aunque tienen menos probabilidades de sufrir un cuadro grave o de morir, en comparación con adultos de más de 50 años, algunos pueden llegar a esos extremos. En cualquier caso, lo más importante es que pueden contagiar a cualquiera, incluidas poblaciones de riesgo que pueden velozmente saturar el sistema de salud.

Por caso, citó Stat, un estudio del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) “mostró cómo el aumento de las infecciones entre personas de 20 a 39 años precedió al aumento de los casos entre las personas de 60 años o más”. Esa tendencia “probablemente resulte en más hospitalizaciones, cuadros graves y muertes”, escribieron los investigadores. Es el modo en que circulan las enfermedades infecciosas, más rápido o más lentamente, pero en el fondo igual: de un huésped a otro.

Eso significa, además, que las infecciones comprobadas hoy son los contagios de hace una semana, y que los hospitalizados de hoy son personas que se enfermaron hace 15 días. Algunos de ellos morirán en otras dos semanas. Y muchos de los que hoy se infectan, en un ambiente de mayor transmisión, llegarán a las salas de guardia en ese plazo también. Lo peor será que si la capacidad del sistema de salud “no alcanza a cubrir la demanda, se verá más mortalidad», evaluó Shoaf.

El hecho de que la pandemia haya llegado a estados como Dakota y Montana “refleja lo que los expertos previeron al principio de la crisis en los Estados Unidos: el virus comenzaría por propagarse más en las ciudades densamente pobladas, que recibían una gran cantidad de casos importados, y desde allí viajaría a otras ciudades, y luego se filtraría hasta las zonas rurales”, recordó Stat.

“Lentamente, día tras día, se ha visto que la brecha en las tasas de infección disminuye entre las áreas metropolitanas y las áreas rurales», comentó al medio Fred Ullrich, director del programa de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Iowa. “Lo estamos viendo en todo el Medio Oeste y en todos los Estados Unidos”. En esa difuminación de los antiguos límites del alcance del SARS-CoV-2, hoy Nueva Jersey, que comparte el área metropolitana con la ciudad de Nueva York, registra un preocupante aumento de contagios: se duplicó en el último mes, analizó el Times. “Un preocupante revés de la fortuna para un estado que había logrado llevar sus tasas de transmisión a niveles entre los más bajos del país”.

Algunos gobernadores, menos inclinados a las restricciones, hacen llamados a la responsabilidad de los individuos, como Doug Burgum, de Dakota del norte, quien dijo que cuidarse “es un trabajo de todo el mundo”. Otros se inclinan por intervenciones como solicitar la auto-cuarentena de los viajeros desde buena parte de los estados.

Stat agregó: “En Arizona, por ejemplo, los casos diarios estallaron con un 151% de aumento en dos semanas en junio luego de que se levantara la orden de quedarse en casa. Finalmente el estado accedió a que se impusieran órdenes locales sobre el uso de máscaras, volvió a cerrar algunos comercios como los bares y restringió los eventos públicos, lo cual ayudó a que los casos bajaran un 75% en el curso de unas pocas semanas en julio y agosto”.

Así se estima que irán variando, durante los próximos dos a tres meses, que se prevé serán los más difíciles de la segunda ola de COVID-19 en el hemisferio norte, las medidas en las distintas jurisdicciones. “Dejemos de lado el cierre total y apliquemos las medidas de salud pública para ayudarnos a llegar adonde queremos ir”, dijo Anthony Fauci, máxima autoridad federal en enfermedades infecciosas de los Estados Unidos.

La población está muy cansada y lo mejor sería ayudarla a mantener todo abierto de la manera más segura posible, comentó en una entrevista para 60 Minutes, emitida el dominto 18 de octubre en CBS. Evitar los lugares llenos de gente, mantener la distancia social, usar máscara y desinfectarse las manos mediante el lavado o con alcohol en gel tendría que ser suficiente. El cierre debería reservarse para un caso límite, si la pandemia “se vuelve muy, muy grave de verdad”.

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