En 2026, el calor extremo siguió azotando el planeta, y se registraron temperaturas históricamente altas en muchas regiones. Europa Occidental vivió el mes de junio más caluroso desde que se tienen registros. Estas temperaturas agravaron las sequías y los incendios forestales, además de ejercer presión sobre los recursos hídricos. Todo ello afectó a la salud pública, al suministro energético y a la actividad económica. Taiwán, por su parte, también se ha enfrentado a riesgos climáticos como el calor extremo, las lluvias torrenciales y los tifones. El cambio climático se ha convertido en un desafío compartido con profundas implicaciones para la estabilidad social, el desarrollo industrial y la resiliencia nacional.
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El artículo 4 del Acuerdo de París insta a las partes a reforzar progresivamente sus planes de mitigación y a cumplir con sus contribuciones determinadas a nivel nacional. El marco de transparencia reforzado establecido en el artículo 13 exige información consistente y cuantificable para evaluar el progreso en las acciones climáticas. En consonancia con estas normas internacionales, Taiwán ha aprobado formalmente este año la tercera fase de sus programas de acción para la reducción de gases de efecto invernadero en seis sectores, abarcando el periodo 2026-2030. Estos programas abarcan los sectores de energía, industria manufacturera, edificación residencial y comercial, transporte, agricultura y medio ambiente, e incluyen 20 planes de acción de mitigación emblemáticos, objetivos anuales de reducción de emisiones y 63 indicadores de desempeño. Asimismo, integran los objetivos nacionales de mitigación en las políticas sectoriales y permiten realizar un seguimiento y evaluaciones anuales. El inventario nacional de gases de efecto invernadero más reciente de Taiwán muestra que en 2024 las emisiones netas de estos gases se situaron un 6,59 % por debajo de los niveles de 2005, registrando un descenso por tercer año consecutivo. Durante ese mismo periodo, el PIB real siguió creciendo, mientras que la intensidad de las emisiones de dióxido de carbono disminuyó un 48,59 %. Esto indica un desacoplamiento gradual entre el crecimiento económico y las emisiones de carbono.
En lo que respecta a la transparencia, Taiwán sigue los marcos recomendados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y el Acuerdo de París. Y publica periódicamente documentos pertinentes —incluidas las contribuciones determinadas a nivel nacional, los informes bienales de transparencia y los informes de inventario nacional— en consonancia con las prácticas internacionales. Mediante trayectorias de mitigación claras, acciones sectoriales e información transparente, Taiwán seguirá evaluando sus avances y transformando sus compromisos climáticos en resultados medibles y cuantificables.
Avanzar hacia las cero emisiones netas y a la eliminación de residuos para potenciar la competitividad industrial durante la transición ecológica
Para acelerar la transición industrial ecológica, Taiwán comenzó a aplicar este año un gravamen sobre el carbono, como parte de su esfuerzo para convertir la tarificación del carbono en un instrumento político clave para la descarbonización de la industria. El sistema de recaudación está vinculado a planes de reducción voluntarios y a tarifas preferenciales que incentiven a las empresas a integrar la reducción de emisiones en sus decisiones operativas y de inversión. En su primer año de aplicación, este gravamen ha generado hasta la fecha ingresos por valor de 4.970 millones de nuevos dólares taiwaneses (NT$), que se destinan al Fondo de Gestión de Gases de Efecto Invernadero, un fondo dedicado a la reducción de dichos gases y a los esfuerzos de adaptación al cambio climático. Este fondo ofrece garantías crediticias y subsidios de intereses con el fin de optimizar las operaciones. Asimismo, se ha promulgado el Reglamento sobre Subvenciones para Tecnologías de Reducción de Gases de Efecto Invernadero y Adaptación al Cambio Climático, con el objetivo de respaldar tanto las tecnologías de reducción como las medidas de adaptación. Mediante diversos instrumentos tales como subvenciones, financiación y reparto de riesgos, el marco normativo de Taiwán facilitará la entrada de mayor capital privado para apoyar la transición hacia cero emisiones netas.
En la siguiente etapa, se desarrollará progresivamente un sistema de “tope y comercio” (cap-and-trade), denominado Sistema de Comercio de Emisiones de Taiwán (TW-ETS, siglas en inglés). Este mecanismo permitirá avanzar hacia un marco diversificado de tarificación del carbono en el que el gravamen sobre el carbono y el sistema de comercio de emisiones operen en paralelo. Recientemente, el Reino Unido ha reconocido el gravamen sobre el carbono de Taiwán como un sistema de fijación de precios del carbono válido dentro de su Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono. Esto permitirá que determinados productos taiwaneses puedan beneficiarse de deducciones en el precio del carbono conforme a la normativa vigente, lo que constituye un paso importante para vincular el marco taiwanés de tarificación del carbono con los sistemas internacionales.
La transición industrial hacia cero emisiones netas debe ir más allá de la gestión de la energía y el carbono, abarcando también la forma en que se utilizan los recursos. Este año, Taiwán ha completado las enmiendas a la Ley de Promoción de la Circulación de Recursos y a la Ley de Gestión de Residuos, reorientando los esfuerzos de gestión desde el tratamiento “al final de la cadena” (end-of-pipe) hacia una gobernanza que abarca todo el ciclo de vida del producto. El gobierno ha identificado ocho ámbitos clave de la economía circular: alimentación, plásticos, textiles, salud, construcción, electrónica, recursos inorgánicos e industrias circulares. Actualmente, existen 69 empresas que cotizan en bolsa en el sector de la economía circular, las cuales generan en total más de un billón de nuevos dólares taiwaneses (NT$) en ingresos anuales. Esto demuestra que la economía circular está cobrando forma progresivamente como una industria verde a gran escala. Taiwán sigue promoviendo los pasaportes digitales de productos, la reducción de plásticos en origen y su reutilización. Mediante la legislación, la colaboración industrial y la innovación digital, Taiwán aspira a acelerar la circulación de recursos y al objetivo de «cero residuos» reduciendo su dependencia de recursos vírgenes y su carga de carbono. Esto fortalecerá la seguridad de los recursos, la resiliencia de la cadena de suministro y la competitividad verde.

Fortalecer la resiliencia climática e integrar la adaptación en la planificación nacional y la vida cotidiana
El artículo 7 del Acuerdo de París establece un objetivo global para mejorar la capacidad de adaptación, fortalecer la resiliencia y reducir la vulnerabilidad ante el cambio climático. En la COP30, los participantes adoptaron los Indicadores de Adaptación de Belém para impulsar el Objetivo Global de Adaptación hacia acciones medibles y cuantificables. Taiwán continúa alineándose con los esfuerzos internacionales de adaptación mediante la integración de evaluaciones de riesgos climáticos en la gobernanza nacional y local, y reforzando la resiliencia frente a fenómenos climáticos como el calor extremo y las lluvias torrenciales.
Ante el creciente riesgo que supone el calor, Taiwán ha utilizado este año un escenario de calor extremo de 40 °C para impulsar estrategias de adaptación interministeriales, reforzando la preparación y la coordinación en ámbitos como la salud pública, la energía, el transporte, la seguridad laboral y el apoyo a grupos vulnerables. Asimismo, por iniciativa del presidente Lai Ching-te, Taiwán ha creado el Comité Nacional de Promoción de Bosques Urbanos para impulsar el Programa Nacional de Cubierta Arbórea. Esta iniciativa convierte la silvicultura urbana en un elemento de la infraestructura nacional de resiliencia, integrando tecnologías como la teledetección LiDIAR, la tecnología de gemelos digitales en 3D y los datos de microclima para identificar con precisión los puntos de calor y las carencias de sombra; de este modo, se crea una red verde terrestre resiliente que equilibra la adaptación climática con la salud pública. Taiwán redactará una ley sobre bosques urbanos que fomentará la certificación profesional en protección arbórea, promoviendo la circularidad de la madera mediante su aprovechamiento de alto valor. Canalizando los recursos corporativos ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) y la participación comunitaria, Taiwán pondrá en marcha zonas piloto locales, aprovechando la experiencia del sector privado y las tecnologías emergentes para reforzar la resiliencia urbana frente a fenómenos climáticos extremos y desastres naturales.
Lograr una transición justa y movilizar a la sociedad hacia las cero emisiones netas
El preámbulo del Acuerdo de París subraya la necesidad de tener en cuenta los imperativos de una transición justa para la fuerza laboral, así como la creación de trabajo digno y de calidad. En los últimos años, la CMNUCC ha impulsado debates sobre las dimensiones energéticas, industriales, laborales y sociales de la transición. En la COP30, los participantes avanzaron en mecanismos relacionados con una transición justa, fortaleciendo la cooperación internacional, la asistencia técnica, el desarrollo de capacidades y el intercambio de conocimientos, de modo que las necesidades y oportunidades de desarrollo de los distintos grupos puedan abordarse durante la transición hacia las cero emisiones netas.
Taiwán ha convertido el principio de «no dejar a nadie atrás» en un eje central de su transición hacia las cero emisiones netas, y ha establecido una base de gobernanza que aborda la transición justa a través de la Ley de Respuesta al Cambio Climático. Para materializar una transición justa mientras se aplican políticas de reducción de carbono, Taiwán está llevando a cabo este año consultas con las partes interesadas en seis sectores clave: energía, industria manufacturera, edificaciones residenciales y comerciales, transporte, agricultura y medio ambiente. Al recopilar una amplia gama de opiniones públicas y lograr que cada sector revise y responda a estas aportaciones, se está mejorando la colaboración interministerial. Posteriormente, Taiwán sintetizará políticas sectoriales con el fin de elaborar un plan de acción nacional para una transición justa, estableciendo un marco normativo nacional para tal transición y garantizando que la participación social siga siendo un componente vital en la planificación y ejecución de las políticas de cero emisiones netas. Este año, Taiwán ha utilizado el Fondo de Gestión de Gases de Efecto Invernadero para integrar capacidades intersectoriales y brindar apoyo a los trabajadores, las industrias, las regiones y los grupos afectados por la transición. Esto contribuirá a impulsar el desarrollo de talento para empleos verdes, la transición hacia una economía baja en carbono en las pequeñas y medianas empresas, el apoyo a grupos vulnerables, la participación local y la gobernanza de la transición.
Fortalecer las alianzas globales para moldear conjuntamente soluciones climáticas
El artículo 6 del Acuerdo de París fomenta la cooperación voluntaria para elevar la ambición en la acción climática, promoviendo el desarrollo sostenible sobre la base de la integridad ambiental, la transparencia y la evitación de la doble contabilización. A medida que los mecanismos pertinentes entran en fase de implementación, la cooperación climática internacional se amplía desde el diálogo político a proyectos de mitigación, cooperación tecnológica, desarrollo de capacidades e inversión, todos ellos caminos importantes para acelerar la implementación del Acuerdo de París.
Taiwán está avanzando en su diplomacia climática mediante acciones pragmáticas. El año pasado, Taiwán firmó un memorando de entendimiento sobre la cooperación en el marco del Acuerdo de París con Paraguay, su aliado diplomático. Actualmente, ambos países están impulsando 12 planes de acción para la gobernanza ambiental, implementando así la acción climática global y una cooperación medioambiental sustantiva mediante el intercambio de tecnología, el diálogo entre jóvenes y la cooperación en economía circular.
Turquía ha calificado a la COP31 como «la COP del Futuro» subrayando que, si bien el compromiso constituye una declaración de intenciones, su ejecución representa la confianza. En un momento en que la gobernanza climática global entra en una fase crítica de la práctica y los resultados, Taiwán seguirá profundizando sus alianzas globales a través de una participación pragmática, realizando contribuciones concretas y compartiendo su experiencia en la transición hacia las cero emisiones netas. Taiwán busca el apoyo internacional para su participación significativa en la CMNUCC y en los esfuerzos de gobernanza climática mundial. Es creencia firme que alcanzar los objetivos del Acuerdo de París requiere la colaboración de todos aquellos socios que cuenten con la capacidad y la voluntad de actuar. Taiwán está dispuesto para colaborar con otras naciones para transformar los compromisos climáticos en acciones concretas y construir, de manera conjunta, un futuro más resiliente y sostenible con cero emisiones netas.
Fuente Infobae

