El satélite Sentinel-2 del programa europeo Copernicus capturó el frente de hielo del glaciar Perito Moreno el 30 de junio pasado, en el sector del Lago Argentino conocido como Brazo Rico, en la provincia de Santa Cruz.
Esa estabilidad lo convirtió en uno de los glaciares más estudiados del planeta y en un símbolo de la Patagonia argentina. Pero esa condición excepcional llegó a su fin, como los investigadores en glaciología documentan con datos concretos desde hace varios años.
En junio pasado, investigadores de la Universidad de Concepción, en Chile, y del Instituto de Tecnología Birla Mesra, en India, publicaron un estudio basado en casi 30 años de imágenes satelitales del glaciar.
Los resultados, publicados en la revista Progress in Physical Geography, muestran que el Perito Moreno registra una tendencia de retroceso sostenida.
El dato más contundente de la investigación corresponde a 2025: ese año, el frente del glaciar retrocedió cerca de 385 metros en el sector del Lago Argentino.
Ese es el mayor retroceso frontal registrado en toda la serie analizada, que abarca desde 1997 hasta 2025.
Entre 1997 y 2023, el glaciar perdió alrededor de 3 kilómetros cuadrados de superficie, equivalente a cerca del 1% de su área original.
La investigación advierte que gran parte de esa pérdida se concentró en los años más recientes, lo que indica una aceleración del proceso.
Rodrigo Abarca del Río, uno de los coautores e integrante del Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción, señaló que “durante décadas, el Perito Moreno fue considerado una de las grandes excepciones glaciológicas del planeta por su estabilidad relativa”.
Añadió que “más que un evento aislado, esto podría representar una transición en el comportamiento de uno de los glaciares más emblemáticos de la Patagonia”.
La barrera que lo protegió dejó de funcionar

Los primeros indicios del cambio se remontan a 2018, según una investigación publicada en marzo en la revista Earth and Planetary Science Letters por científicos de Japón y Argentina.
Ese trabajo detectó que el glaciar comenzó a perder masa de forma dinámica por primera vez en casi un siglo.
La clave de su antigua estabilidad era una morrena sumergida, es decir, una barrera natural de sedimentos en el fondo del lago que frenaba el movimiento del hielo hacia el agua.
Cuando el glaciar se alejó de esa barrera, el hielo empezó a moverse más rápido y a perder volumen con mayor velocidad. Las temporadas de deshielo entre 2020 y 2023 aceleraron ese proceso: desde 2019, el frente retrocedió más de 800 metros según datos de radar y satélite.
Lucas Ruiz, geólogo y ex investigador en glaciares patagónicos del Conicet, dijo a Infobae que “en los últimos meses, se registraron desprendimientos basales cada vez más grandes y frecuentes, lo que muestra que el glaciar ya no mantiene la estabilidad de décadas pasadas”.
Un alerta sobre la situación de los glaciares

El caso del Perito Moreno no es solo una noticia local. Los investigadores advierten que lo que ocurre en ese glaciar anticipa cambios similares en otros glaciares que terminan en lagos alrededor del mundo.
Cuando un glaciar pierde el soporte de una barrera natural como la morrena, el retroceso puede acelerarse de manera abrupta e irreversible en el corto plazo.
Las Naciones Unidas (ONU) advirtieron que los glaciares se derriten a un ritmo sin precedentes por el calentamiento global, generado por las emisiones de gases de efecto invernadero de las actividades humanas.
Ese proceso pone en riesgo la seguridad hídrica de cientos de millones de personas en todo el mundo y acelera el aumento del nivel del mar.
La imagen de Copernicus es, en ese contexto, mucho más que una fotografía satelital. Es la síntesis visual de décadas de mediciones científicas: lo que antes solo existía en tablas y gráficos, hoy se ve desde el espacio con una sola imagen.
Fuente Infobae

