Homenaje a Adela y Nelly

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Foto: Jorge LLugdar

Por Lito Garay

Debo confesar que conocí Adela Llugdar dos veces: la primera, de manera muy superficial; en aquel lugar emblemático que fué «La Urpila», Asociación de Artistas Plásticos de Santiago del Estero allá por los años ´74 y ´75.
Ella, junto a Nelly Orieta, Alfredo Gogna, Carlos Sánchez Gramajo, Olga Correa de Álvarez, Nena Delgado, Carlos Villavicencio – entre otros tantos nombres – formaba parte de ese grupo de referentes esenciales de la plástica santiagueña de esos años.
Las pocas veces que concurrí a los eventos de «La Urpila, ya que mi vida practicamente se desarrollaba en Tucumán, donde estaba estudiando, mi relación era mucho más fluida con los jóvenes pintores que integraban esa asociación: Ricardo y Rafael Touriño Cantos, Mario Martinez, Lucho Farias, Alejandro Diaz y Hugo Rodriguez.
Para mí, Adela Llugdar era una imagen parisina que recorría lentamente las paredes donde estaban colgadas las obras, como un personaje de Modigliani. Sólo uno que otro comentario sobre problemas técnicos de la pintura, tuve con ella en ese primer acercamiento.
El otro, el más profundo y verdadero, lo tuve tres años después cuando me visitó junto a Nelly Orieta para conocer mis trabajos. A partir de allí, conformamos una entrañable amistad.
Luego, al alquilar un local de la Sociedad Cosmopolita, en calle Rivadavia 33 para convertirlo en mi atelier particular, las visitas fueron más seguidas, las charlas más edificantes, los mates y cafés más abundantes.
Fueron Adela y Nelly las que empujaron para que ese espacio se convirtiera en un lugar de encuentro de todas las artes, sueño que se hizo realidad en agosto de 1979, cuando se conformó la primera Comisión Directiva del Atelier Cultural, con las dos artistas como protagonistas claves de ese incipiente movimiento cultural.
Adela había participado de la realización de las carrozas de la Biblioteca Laprida, impresionantemente bellas e innovadoras en el tratamiento espacial de obras de estas características, trabajo que sólo puede lograrlo la mirada de un artista plástico. Había desempolvado las hermosas criaturas de madera bautizadas como «Los Picolinos» o «Los pequeños» de la Escuela Industrial, para que con su varita mágica volvieran a deleitara a grandes y chicos.
Cuando trabajamos juntos en el Club Sirio Libanés, donde se realizaron varios eventos de relevancia, Adela tuvo la idea de fundar «El Club de la Historieta», primero en su género en toda la provincia. Producto de este taller-laboratorio fué la revista «Génesis» parida con mucho sacrificio y con la colaboración de varios comercios bandeños.
Artista inquieta y multifacética, incursionó también en letras, siendo socia distinguida de la S.A.D.E y la Asociación Literaria «María Adela Agudo». Trabajadora incansable, no hubo hecho cultural bandeño que no la tuviera como protagonista o colaboradora. Por esa razón, creo firmemente que fué una pionera en Gestión Cultural en la Provincia.
Después está lo otro, lo personal, el agradecimiento que como amigo le debo a Adela. Como por ejemplo, el apoyo que me dió para emprender mi carrera artística, el apoyo incondicionl a los proyectos compartidos, el premio «Ugarit» que me otorgó elñ Club Sirio Libanés de Buenos Aires, merced a una propuesta suya.
Pero lo más importante: el agradecimiento a su infinita calidad humana, sin fisuras, que me abrió las puertas de su casa: ese otro mundo maravilloso donde compartimos innumerables charlas rodeados de decenas de obras de arte.
En este nuevo aniversario de su partida, tengo la obligación de realizar otra confesión: no tuve la fuerza necesaria para verla los días previos a esa partida. Quizá por debilidad o por esa coraza que me impuse hace tiempo para escaparme de todo aquello que causa daño, sólo por el institnto de conservación. Solamente preguntaba por ella todos los días, pero no me animaba a verla
Porque quizá sólo quería tener de Adela aquella primera imagen de los días de «La Urpila»: la del personaje escapado del pincel de Modigliani, contemplando esta vez, cuadros de carrozas, marionetas y otras obras que pintó su vida.

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