En medio de los rumores y el estado de alerta generalizado en el Viejo Continente, Vladímir Putin buscó poner paños fríos y negó de manera rotunda que Rusia esté planeando un ataque contra el resto de Europa. Desde San Petersburgo, el presidente ruso aseguró que no hay «razones reales» para que el conflicto escale hacia las potencias occidentales y aclaró que la defensa de los ciudadanos rusoparlantes en los países bálticos se hará respetando las normas internacionales y sin recurrir a la fuerza.
Sin embargo, la desconfianza del lado europeo es total, ya que para la inteligencia militar danesa, a cargo de Thomas Ahrenkiel, el peligro es latente y va en aumento. Aunque desde Copenhague ven difícil una invasión clásica sobre territorio de la OTAN, advierten sobre una amenaza mucho más silenciosa: la consolidación de una «guerra híbrida». Esto se traduce en posibles ciberataques, campañas de desinformación masiva y sabotajes directos contra infraestructura clave.
El mejor ejemplo de este nuevo frente es lo que pasó hace poco en la región polaca de Mazovia, cuando un extraño incendio destruyó una terminal de Starlink, una conexión vital para que las fuerzas ucranianas sigan teniendo internet. Desde el gobierno polaco no dudaron en apuntar a Moscú, catalogando el siniestro como un acto de sabotaje orquestado.
Sobre este escenario, Donald Trump también se pronunció. Tras sus encuentros en Washington con el mandatario chino, Xi Jinping, el presidente estadounidense le restó importancia a la paranoia europea: «Lo conozco bien a Putin. No está buscando atacar el territorio de la OTAN», aseguró.
El conflicto de fondo y las negociaciones trabadas
Mientras se discute el alcance de la amenaza rusa en Europa, la guerra en Ucrania sigue sumando capítulos sangrientos y una salida diplomática parece lejana. Si bien Putin deslizó que la opción de retomar las negociaciones con la gestión de Volodímir Zelenski «está sobre la mesa», avisó que antes van a evaluar cómo responder a los recientes bombardeos ucranianos sobre Moscú y San Petersburgo, ejecutados justo en pleno proceso electoral ruso. «Ellos fueron los que empezaron, esto no es un juego de niños», advirtió el líder del Kremlin, prometiendo represalias contundentes.
Desde Kiev, la postura es inamovible. Zelenski justificó los constantes ataques con drones a reacción contra refinerías y blancos comerciales rusos -algunos a 3.000 kilómetros de la frontera- argumentando que es una respuesta totalmente lógica frente al castigo diario que sufre su población.
De hecho, la dinámica de los combates cambió drásticamente en las últimas semanas. Las fuerzas rusas modificaron su estrategia nocturna y empezaron a lanzar fuertes bombardeos a plena luz del día sobre Kiev, un despliegue de misiles y drones que el pasado viernes dejó siete civiles muertos en la capital.
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