El Instituto Periferias, dirigido por el sociólogo Daniel Menéndez, realizó un relevamiento nacional sobre los malestares que atraviesan adolescentes y jóvenes de barrios populares, con 1.746 encuestas. Santiago del Estero participó de la investigación, con Isabel Valdez, como responsable del proyecto.
Los resultados muestran una situación preocupante: 48,1% manifestó agotamiento frecuente, 45,5% estrés, 41,3% incertidumbre y 38% ansiedad. Además, el 26,4% expresó sentimientos de soledad.
Uno de los datos más significativos es que el 53,7% no busca ayuda cuando atraviesa situaciones de malestar, mientras que el 78% no realizó consultas de salud mental en los últimos meses. Esto evidencia no solo la existencia del malestar, sino también las dificultades para acceder a espacios de acompañamiento y atención.
La problemática tampoco puede separarse de las condiciones sociales: el 64% señala la situación económica como una de sus principales preocupaciones, seguida por el trabajo o desempleo y las deudas.
La salud mental de los jóvenes no es solamente una cuestión individual, sino también social y política. El Estado tiene la responsabilidad de garantizar prevención, atención accesible, profesionales, recursos y espacios territoriales donde los jóvenes puedan ser escuchados y acompañados.
En este contexto, la reciente media sanción del Senado al proyecto de reforma de la Ley Nacional de Salud Mental 26.657, que ahora deberá tratar la Cámara de Diputados, vuelve a colocar el tema en el centro del debate público.
Poner la salud mental de nuestras juventudes en agenda significa escuchar, acompañar y garantizar derechos. No podemos naturalizar que una generación atraviese angustia, soledad e incertidumbre sin encontrar respuestas.

