A cuatro décadas de la explosión en la central nuclear de Chernobyl, Ucrania volvió a poner en primer plano una catástrofe que marcó un antes y un después en la historia de la energía nuclear. El aniversario se conmemoró en un contexto atravesado por nuevas tensiones, ya que la guerra iniciada en 2022 volvió a colocar a la planta en el centro de los riesgos globales.
La explosión que desató la catástrofe de Chernobyl
El 26 de abril de 1986, a la 01:23, una prueba de seguridad salió mal en el reactor número cuatro y provocó una explosión que destruyó el núcleo del edificio. El accidente ocurrió en el norte de Ucrania, entonces parte de la Unión Soviética, y liberó una enorme cantidad de material radiactivo a la atmósfera.
El combustible nuclear ardió durante más de diez días y obligó a desplegar una operación de emergencia sin precedentes. Helicópteros arrojaron miles de toneladas de arena, arcilla y plomo para intentar contener la radiación.
El Organismo Internacional de Energía Atómica concluyó que el desastre se produjo por fallas graves en el diseño del reactor combinadas con errores humanos y violaciones a los protocolos.
La nube radiactiva que cruzó Europa
Tras la explosión, la radiación se extendió rápidamente por Ucrania, Bielorrusia y Rusia, y luego alcanzó gran parte de Europa. El primer aviso público no llegó desde la Unión Soviética, sino desde Suecia, que detectó niveles anormales de radiación el 28 de abril.
Las autoridades soviéticas tardaron en reconocer el accidente: el gobierno informó oficialmente días después y el líder Mijaíl Gorbachov habló públicamente recién el 14 de mayo.
Las consecuencias humanas fueron devastadoras. Un informe de la Organización de las Naciones Unidas estimó alrededor de 4.000 muertes directas o previstas, mientras que otras organizaciones elevaron esa cifra hasta cerca de 100.000.
Además, unas 600.000 personas, conocidas como “liquidadores”, participaron en las tareas de contención y quedaron expuestas a altos niveles de radiación.
La guerra volvió a poner en riesgo la central
Décadas después del accidente, la planta volvió a ser noticia por motivos geopolíticos. En 2022, fuerzas rusas ocuparon el complejo en el inicio de la invasión a Ucrania, lo que generó alarma internacional ante el riesgo de un nuevo incidente nuclear.
Los soldados se instalaron en zonas altamente contaminadas, como el Bosque Rojo, y permanecieron allí durante semanas antes de retirarse tras el fracaso de su avance hacia Kiev.
La presencia militar en un sitio de estas características reavivó los temores sobre la seguridad de las instalaciones nucleares en contextos de guerra.
La estructura es frágil frente a nuevas amenazas
Tras la explosión, el reactor fue cubierto por un “sarcófago” de hormigón y acero construido de urgencia. Años más tarde, entre 2016 y 2017, se instaló una nueva estructura denominada Nuevo Confinamiento Seguro, diseñada para contener la radiación de manera más eficiente.
Sin embargo, en febrero de 2025, un dron dañó esta cubierta, lo que comprometió su funcionamiento por un tiempo.
Informes advirtieron que la estructura ya no puede operar como fue concebida y que existe riesgo de nuevas fugas radiactivas. Las reparaciones podrían extenderse entre tres y cuatro años.
Una zona inhabitable por miles de años
El área alrededor de la central fue evacuada y transformada en una zona de exclusión que permanece prácticamente deshabitada. Más de 4.800 kilómetros cuadrados entre Ucrania y Bielorrusia quedaron contaminados.
La ciudad de Pripyat, ubicada a pocos kilómetros de la planta y hogar de 48.000 personas antes del accidente, fue abandonada por completo y se convirtió en un símbolo del desastre, con edificios en ruinas y estructuras detenidas en el tiempo.
Según el OIEA, el territorio no será habitable de forma segura durante unos 24.000 años. En ausencia de población humana, la zona evolucionó hacia una reserva natural donde incluso se reintrodujeron especies en peligro de extinción.
A 40 años de la tragedia, Chernóbil sigue siendo una advertencia global sobre los riesgos de la energía nuclear mal gestionada y un recordatorio de cómo un solo error puede tener consecuencias durante generaciones.
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