Si querés ser original jugátela y hacé cosas nuevas

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Peteco Carbajal

Por Jorge Belaunzarán

De cómo piensa la gente/ a veces la diferencia/ es tan grande que parecen/ seres de alguna otra tierra (León Gieco, Pensar en nada).

Acaso pensar en nada sea una de las mejores formas de sentarse a preguntar a un entrevistado. No en el sentido de que no se tenga preguntas preparadas, si no en el de estar casi en blanco respecto a lo que pueda suceder. Ofrecerse, podría decirse. Y en esa ofrenda, más probabilidad de que el entrevistado se ofrende. Así, Peteco Carabajal, artista popular, sin dudas, y gran músico, puede resultar la posibilidad de aprender, y al aprender, asociar, que mucho desde que lo desde Buenos Aires cuesta entender, en las provincias resulta, al decir común, moneda corriente.

-Para usted habrá sido bastante natural dedicarse a la música. Pero, ¿cuándo comenzó a sentir que era un artista popular?

-Por ahí esa comprensión me llegó mucho tiempo después de haber empezado a cantar. Lo mío venía de hacía tiempo porque estaban mis viejos, mis tíos, mis primos, que estaban en la música como profesión, entonces me crié con eso. Yo empiezo a cantar con mi primo Roberto, armamos un trío y al poco tiempo integramos el conjunto Carabajal, el conjunto de la familia. En ese momento mi personalidad era muy simple, muy sencilla; no era de pensar, hacerme cuestionamientos, o de tener proyectos, andaba nomás, sin pensar mucho sobre lo que estaba haciendo. Era fascinante, pero lo veía con mucha simpleza, mi pensamiento no tenía gran alcance. Mi preocupación pasaba mucho aquí, en Buenos Aires, por saber si iba a poder comer al otro día: mis viejos se habían ido a Santiago, y si bien tenía muchos parientes aquí y estaba en un conjunto que también servía de contención familiar, estábamos todos en la lucha de poder imponer algo que si bien estaba hacía muchos años y estaba reconocido en muchos lugares, había veces que no había trabajo y a ninguno se le iba a cruzar por la cabeza ir a buscar otra cosa porque éste era nuestro trabajo, nuestra vida. Teníamos que aguantarla como sea. Hemos pasado por épocas de varias meses de no tener o tener sólo uno o dos contratos nomás, y no teníamos por ahí ni para viajar. En el 85, que integro MPA con el Chango Farías Gómez, el Mono Inzaurralde, Jacinto Piedra y Verónica Condomí, puedo decir que empiezo a darme cuenta de qué es proyectar un trabajo, darle dimensión a esto y lo que significa ser un artista popular. No conocido, sino formar parte del movimiento popular. Puedo decir en honor a Chango es que a su lado hemos aprendido mucho de lo que tiene que ver de lo que es pensar este camino, y hablarlo y saber que existe una ética, que no está escrita en ningún lado pero existe, y uno la tiene que vivir. Y a partir de ahí he tenido un concepto, de mi vida, de mi vida artística, y no me desprendí más de eso.

-¿Cómo definiría esa ética que no está escrita pero existe y se entiende?

-Con él he podido darme cuenta de que existe un camino que es marcado por la industria, y otro muy distinto que es el que marca el artista. Uno puede estar como en los dos, pero si no te das cuenta de que existen esos dos es posible que cometas errores y que puedas incluso cometer error justamente de falta de ética. Porque si no te das cuenta, entonces te dejas llevar por los vaivenes de lo que marca una industria, o lo que te puede decir un productor o por la idea de éxito. Y también cosas que tienen que ver con una idea de lo que significa la cultura popular. Eso es lindo, y es importante darse cuenta, porque a la hora de valorar las cosas, qué sé yo. Aquí hay una cultura oficial, y esa cultura casi siempre tiende a ver lo que viene de afuera como si ya está, eso es casi sin discusión. Para la cultura oficial nosotros tenemos que aprender de maestros que son casi siempre europeos. Esos son los maestros. Después sí, aquí también teníamos maestros pero siempre desde arriba hacia abajo. Y por ejemplo hoy en día valoro mucho a mis maestros de abajo hacia arriba. No son ni más ni menos, para mí, Sixto Palavecino que Beethoven. Con todo lo que me puede llegar a apasionar y a gustar la música de esos grandes maestros, pero también la creatividad de Carlos Carabajal la pongo en el mismo nivel. O no hay ningún nivel o todos están en ese nivel. Es un tema que aparentemente parece fácil, pero aquí ocurre que hay determinados puntos de referencia que son tomados como de una calidad especial, te das cuenta de que tienen esos valores pero hay una intelectualidad, entre los artistas y entre la gente que tiene la posibilidad de difundir (los medios, los periodistas), por ahí toman a alguien como una referencia de calidad y lo establecen y ya está. Para mí no corre eso. Por decirte en la música popular, un Cuchi Leguizamón sí es un gran maestro pero no es más que Tarragó Ros padre, no es más que Sixto Palavecino, no es más que Miguel Simón, de Santiago del Estero, o los hermanos Díaz. Es un igual. Es un maestro también, pero los otros también son maestros. En cambio aquí hay una intelectualidad que cree que Cuchi es una cosa fuera de lo común porque aquí lo toman así, los artistas mismos toman una zamba de él como le pueden hacer acordes medio jazzísticos, y a lo mejor no valoran una zamba que a ellos les parece simple, pero no es tan simple jeje. La simpleza por ahí no es tan fácil. Entonces siempre valoro desde ahí. Y eso de alguna forma eso lo hemos conocido con Chango, lo hemos curtido, discutido y a partir de ahí se va formando eso que digo que es como una ética; un pensamiento, una forma de pensar y de sentir las cosas. Escucho que dicen: me crié con los Beatles. Yo también me crié con los Beatles. ¿Y? También me he criado con los Hermanos Simón. Y para mí son tan grandes como los Beatles, los disfruto a los dos. Esa cosa de darle todo al que llega de afuera, siempre. Sobre todo los rockeros. Escuchan la Rock & Pop, por ejemplo. Los que están en la Rock & Pop te hablan del bajista de tal grupo y que toca con éste, toca con aquel, está bien, es su tema. Puedo saber eso, pero ¿y lo que está aquí? Porque si no terminamos deseando, terminamos copiando lo que hacen aquellos porque aquellos tienen la posibilidad de hacerlo, tienen los medios.

-Latinoamérica por lo general recibe bien lo que viene de afuera. ¿Cómo se se hace para conservar eso, que es lindo, tipo «entre a mi casa sin golpear», y por otro lado no terminar en querer copiarlos, si no mantener las diferencias y nutrirse mutuamente?

-¿Cómo se hace? No hay que desear.

-¿Cómo sería eso?

-Tienes que estar muy seguro de lo que sos y de lo que hacés. Aquí sea desea tanto que resulta que hoy hasta una chacarera la hacen tipo reggae; un carnavalito no es más un carnavalito, lo mismo que un huaino, es un reggae. ¿Por qué? Yo le encuentro valor a lo que de aquí y me conmuevo si voy al norte y escucho con bombos y con sikus una música que es poderosa, porque tiene el latido del lugar, de la tierra. Entonces para mí ya está, lo encuentro grandioso, no me da deseos de hacerlo reggae para viste…

-Quizá su inquietud va por otro lado: en su último disco hizo una versión de un tema de Soda Stereo.

-El tema de Cerati está hecho tal cual la versión de Soda pero con nuestro sonido; y más el violín. Pero hemos tratado de tomar al pie de la letra la versión de Soda Stereo. Porque se trataba de homenajearlo a Gustavo, y conectarnos con él a través de su creación, y no de experimentar algo con la música. Ahí hay una diferencia. Ya no estoy en la experimentación de la música, lo mío es hacer la música como me sale con los elementos que tengo con el grupo. Pero no tratar de que la gente escucha y diga: ¡uy!, mirá lo que hizo este loco, jaja.

-¿Por qué?

-Es una nueva creación. Y esto pasa mucho con muchos músicos: se posicionan desde un lugar como yo voy a hacer lo que le falta a tal tema. Y no (sonríe como diciendo: a mí, no). No le falta nada. Y entonces agarran Valderrama y empiezan con unos acordes jazzísticos. No le están haciendo nada en realidad. Valderrama va a seguir siendo Valderrama. Estoy más en la cosa más natural. Y a lo nuevo mío, como es nuevo, ahí sí mando todo. Pero es nuevo. No estoy queriendo recrear algo desde esa cosa de decir voy a hacer una nueva versión.

El tema lo apasiona, sin duda. Tanto, que se le enfriaron los fideos que ya se le habían enfriado por hacer generosamente las fotos. Amablemente en el restaurante volvieron a calentar su plata de fideo. Generoso de nuevo, ofreció su opinión con los detalles necesarios como para que su interlocutor entienda.

-¿No cree que algunos temas son tan magnánimos que admiten muchas versiones, y todas pueden ser iguales de buenas? A usted le versionaron muchos temas.

-Eso es distinto. A lo que voy es a los que agarran temas tradicionales, de 50 años y lo hacen pensando más en que quieren hacer algo distinto en vez de disfrutar del tema y que capaz por ahí les sale distinto. Yo le noto la intención.

-¿Para el público es igual de sencillo?

-No sé. Por ahí mayormente la gente que consume al Chaqueño Palavecino, por darte un nombre, es muy difícil que consuma las experimentaciones del Chango Farías Gómez. Va directo a los bifes como va el Chaqueño. Y hablo del Chango porque experimentó pero fue tal vez el más, casi el único que ha hecho cosas realmente bien hechas con lo que ya estaba conocido. Escuchás Maturana, y la versión del Chango es la más, no le podés hacer más nada a ese tema. Lo tenés que cantar como el Chango o contarlo así nomás. No vayas a querer ganarle al Chango jaja. A eso voy. La mayoría lo agarra al Cuchi Leguizamón, en este sentido. Por eso hablaba antes de la intelectualidad que hay entre los artistas. Y terminan haciendo un bodrio aburrido de algo que no era así. Te puedo agarrar un tema del Cuchi y cantarlo como sería tradicional y cómo jazzístico. No pasa por ahí la cosa. Si querés ser original jugatelá y hacé cosas nuevas. Y ahí mandá todo.

-Y si Los Nocheros agarran un tema de Charly García y lo cantan, ¿su público se da cuenta si eso es auténtico o no?

-El público de ellos, no. Acepta lo que proponen, le gusta. Porque no se trata de que un artista quiera venderle gato por liebre al público. Se trata de que el que compra gato por liebre es el artista mismo. O cree que está haciendo algo nuevo o cree todavía en la tontera del público: que lo que hace, lo hace para el público; el verdadero artista no hace para nadie, lo hace para su visión. Por eso no tiene que estar empañada.

-¿Y eso es posible?

-Creo que sí.

-¿Lo alcanzó?

-Sí, lo alcancé. Y lo puedo mantener. Creo que es mi gran tesoro. Es lo que me da felicidad, tranquilidad, que siempre he podido hacer lo que creo que hay que hacer, ninguna cosa me ha presionado. Cuando tenía 18, 20 años, no existía algo que existe hoy: que alguien te venga a preguntar sobre los jóvenes. A mí nadie me preguntaba, ni me obligaba, ni tenía que responder, por ser joven, a nada. En cambio desde que apareció Soledad hay toda una onda que tiene que ver con los jóvenes. Cada vez que alguien me hace una nota me pregunta qué opino del movimiento joven. ¿Qué voy a opinar? Para mí, yo soy mucho mejor ahora que cuando era joven. El joven es joven nomás. No está obligado a tener madurez ni toda la creatividad, nada, es joven. Por ahí tiene más fuerza en la voz, más aguante, pero con los años se consiguen otras cosas que tienen que ver con la calidad artística y la visión. Un montón de cosas que te van nutriendo. Cuando empecé a cantar no tenía idea de nada, y con el tiempo, conocer gente, tener compañeros, me fueron formando, moldeando para ser lo que soy hoy. Pero no soy como cuando tenía 20 años. Y ser joven no era sinónimo de nada. Y con un fenómeno como Soledad, que ha sido un fenómeno simplemente de la industria: han coincidido un montón de cosas como que cante, revolee el poncho y produzca ese desestre. Pero después, aporte musical, no hizo, no es autora, fue intérprete. Y que hoy se puede decir que ha mejorado muchísimo su condición de intérprete a cuando apareció. Pero el fenómeno lo produjo. A partir de ahí, montón de changuitos jóvenes han querido producir esa cosa. Pero querían producir el éxito. A mí me han venido un montón de padres con hijos de 14, 12 años a que los haga subir al escenario, que haga algo. Pero para mí no va por ese lado. A mí viene un joven a pedirme que grabe con él, voy y grabo, no importa si es conocido o no, y sin presionarlo si me gusta o no. Le doy una mano, lo ayudo, porque está bueno compartir y alentar el camino de alguien, pero no me da para valorar como algo especial el hecho de que sea joven nomás. Yo para escuchar, a los maduros. Para aprender, disfrutar. Gieco, García, la gente más grande. *

Fuente: http://www.elargentino.com/

1 Comentario

  1. UN GRANDE!!! Con todas las letras y con mayusculas, orgullo Argentino, orgullo Santiagueño y por sobre todas las cosas Orgullo Bandeño,dicen que el Hombre,de paso por esta vida debe dejar algo, Peteco nos deja mucho,sigue aportando y cada vez más a la cultura popular. Icono indiscutido del arte Argentino, a la altura de Homero Manzi,Atahualpa Piazzola y tantos otros que dieron tanto. GRANDE PETECO QUERIDO!!!!

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