El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva anunció este miércoles una inversión de 381 millones de reales —unos 75 millones de dólares— para avanzar en la pavimentación de la BR-319, la carretera que cruza la selva amazónica entre los estados de Amazonas y Rondonia. El acto se celebró en Iranduba, municipio a 37 kilómetros de Manaos, la mayor ciudad de la región, con más de dos millones de habitantes. Lula aseguró que la vía será “la carretera más moderna del mundo” en términos de protección ambiental.
El proyecto arrastra décadas de litigios y bloqueos. Un impasse entre los ministerios de Transporte y Medio Ambiente se resolvió en julio de 2025 con el denominado “Plan 319”: un acuerdo que combina obras con medidas de protección en una franja de 50 kilómetros a cada lado de la vía. En abril de 2026, el Departamento Nacional de Infraestructura de Transportes publicó los pliegos para licitar el tramo central. El ministro George Santoro afirmó que toda la carretera estará bajo contrato antes de que concluya junio.

La evidencia empírica es contundente. Un estudio publicado en 2014 en Biological Conservation determinó que el 95% de la deforestación ocurre en un radio de 5,5 kilómetros de las vías, y que por cada kilómetro de carretera oficial se generan aproximadamente tres kilómetros de caminos ilegales. Las tasas de deforestación en un radio de 40 kilómetros de la BR-319 ya más que duplican la media amazónica.
La decisión encierra una contradicción política notable. Lula, que acogió la COP30 en noviembre de 2025 y ha comprometido internacionalmente la reducción de la tala, busca un cuarto mandato en las elecciones de octubre. La obra cuenta con respaldo firme entre empresarios y políticos amazónicos que la consideran clave para el desarrollo regional. El acto del miércoles se celebró con la presencia de dirigentes locales que integran su coalición electoral.
La carretera que lleva medio siglo entre promesas y litigios plantea hoy una pregunta que excede las fronteras brasileñas: si las compensaciones anunciadas mientras las máquinas ya trabajan pueden contener lo que décadas de investigación científica consideran inevitable.
Fuente Infobae

