«Ante noticias difundidas sobre la construcción de un monumento dedicado a la llamada ‘San La Muerte’, como Iglesia queremos recordar con claridad y caridad que esta falsa devoción es incompatible con la fe católica.
Sabemos que en diversos lugares de nuestra patria y del continente se han extendido cultos, ritos y prácticas vinculadas a esta figura. Sin embargo, los cristianos debemos discernir con prudencia y permanecer fieles y firmes en la verdad del Evangelio de Jesucristo.
La Iglesia reconoce como santos a aquellas personas que, por sus virtudes y testimonio de vida, han vivido de manera ejemplar el Evangelio, encarnando el amor de Dios y dejándonos enseñanzas fecundas para nuestra vida cristiana. A ellos acudimos pidiendo su intercesión y procurando imitar su fidelidad al Señor. Son hombres y mujeres que ya gozan de la gloria de Dios y participan plenamente de la vida eterna.
La muerte, en cambio, no es un ser personal ni un personaje real. Es una realidad propia de la condición humana. Además, para nosotros los cristianos, la muerte ha sido vencida por la Pascua de Jesucristo. Cristo resucitado es el Señor de la vida y de la historia, y en su victoria tenemos la esperanza cierta de participar también nosotros de la vida eterna.
Por eso, nuestro culto y adoración pertenecen solamente a Dios. No podemos rendir veneración a aquello que representa la consecuencia del pecado y del mal. La Sagrada Escritura nos enseña que el último enemigo vencido será la muerte (cf. 1 Cor 15,26).
Adorarla o atribuirle poderes puede conducir a formas de idolatría y abrir el corazón a prácticas contrarias al Evangelio e incluso peligrosas para la vida espiritual.
La Iglesia, en cambio, nos invita a prepararnos para una buena y santa muerte, es decir, a vivir en gracia de Dios, reconciliados con Él y sostenidos por la esperanza cristiana. Por eso acudimos a la intercesión de la Santísima Virgen María, cuando rezamos: “Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”; a San José, patrono de la buena muerte; y a San Miguel Arcángel, para que nos defienda en el combate contra las fuerzas del mal.
Es importante que los cristianos nos formemos cada vez más sólidamente en nuestra fe, para no dejarnos engañar por falsas promesas, supersticiones o prácticas que apartan del Dios verdadero. Solo Jesucristo es el camino, la verdad y la vida. Él mismo nos dice: ‘Sin mí no pueden hacer nada’ (Jn 15,5), y también: ‘Todo es posible para el que cree’ (Mc 9,23).
Pidamos al Señor que fortalezca nuestra fe, purifique nuestro corazón y nos conceda vivir siempre unidos a Él, para que su amor y su gracia habiten en nosotros».
Mons. José Luis Corral, SVD
Obispo de Añatuya

