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Nelly Orieta

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Nelly Orieta, dibujante, pintora y grabadora nacida en El Favorito, departamento Banda, el 23 de enero de 1924. Incursionó en el mundo de arte desde niña y a sus 20 años se convirtió en alumna de la artista Juanita Briones, con quien, años después, mantendría una gran amistad.

Orieta ingresó como alumna de la Academia de Bellas Artes “Juan Yapari”, en 1959, año en que esta institución abriera sus puertas. En 1962 terminó sus estudios, obteniendo el título de Maestra Nacional de Artes Visuales y perteneciendo a la primera promoción de maestros de la Academia. Complementó posteriormente su formación, en el Departamento de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán.

En el año 1950, recibió su primera distinción y comenzó a participar de numerosas exposiciones y salones provinciales y nacionales, obteniendo importantes premios.

Dedicó su vida a la docencia en la academia en la que se formó y en la Escuela Normal “Dr. José Benjamín Gorostiaga” de la ciudad de La Banda. Fue una de las impulsoras del Atelier Cultural de La Banda y socia fundadora en “La Urpila”, Asociación de Artistas de Santiago del Estero.

La obra de Nelly esta hilvanada por tres elementos que la definen. Por una parte, lo maternal y el vínculo de mujeres y niños, donde se plasma la ternura y la cotidianeidad. Por otro lado, la temática social, vivenciando el dolor y la miseria de los personajes. Y también la mitológica, representando leyendas del monte; obras inspiradas en recuerdos de su niñez, trascurrida en la campaña santiagueña, donde estuvo en contacto con relatos y leyendas, que quedaron grabadas para siempre, en su memoria.

El profesor Carlos Villavicencio, en su nota “El legado perdurable”, realizada luego de una visita al taller de la artista, escribió: “El goce estético me sumergió en una ola fugaz que me rozó ligeramente y me transportó a la experiencia móvil de la afectividad. Eximia dibujante, exquisita grabadora ha dejado obras que revelan su perfil en la ajustada composición de sus obras, en la resolución concreta de sus figuras, en el virtuosismo que impregnaba todo su quehacer con vocación de entrega y cariño especialmente a su ciudad La Banda y sus habitantes, ancianos, niños, leyendas, el paisaje agreste y mítico, y aún más, como el vuelo de un pájaro que surca el espacio enmarcaba poéticamente ese sentir, esas vivencias cotidianas”.

Nelly Orieta falleció el 18 de Junio de 2003, en La Banda, convirtiéndose en una de las mujeres que marcaron el camino y la historia del arte en Santiago del Estero.

Adela Llugdar

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Adela Llugdar

Adela Llugdar fue una artista plástica, docente, trabajadora social y escritora, nacida en la ciudad de La Banda y fallecida en la misma el 19 de julio de 2006.

Hija de Said Llugdar, libanés, y Saíde Neme, siria. Su actividad cultural fue tan vasta que resulta difícil encasillarla en solo un género del arte.

Egresó como maestra normal de la Escuela Normal «José B. Gorostiaga» de La Banda, y luego de la Academia Nacional del Norte «Juan Yaparí». Trabajó como asistente social desde 1950 en los hospitales “Francisco Viano” y “Antenor Álvarez”, ambos de la ciudad de La Banda.

Fue miembro de «La Urpila» y APASE, sociedades de artistas plásticos. También perteneció a la Asociación literaria «María Adela Agudo» y a la SADE filial Santiago del Estero. Fue socia fundadora de la Subcomisión de Cultura del Centro Social Sirio Libanés, donde fundó el Club de la Historieta de la que surgió la Revista Génesis.

Con el grupo de amigos de la calle Laprida trabajó en la restauración de las marionetas de la Escuela Industrial, que habían permanecido inactivas durante 30 años.
Fue miembro ad-honorem de la Comisión asesora de plástica de la Dirección Municipal de Cultura de La Banda.
Participó de más de 50 muestras colectivas, a nivel provincial, nacional y una internacional.

En 1983 comenzó su labor literaria, publicó en el libro “Muestra literaria” y “De voces, pájaros y fantasmas”. Fue declarada Ciudadana ilustre en 1997 por la Dirección de Cultura de la Municipalidad de La Banda. Desde octubre de 2012, la biblioteca del Club Sirio Libanés lleva su nombre.
También fue galardonada post mortem con el prestigioso premio Ugarit que entrega el Club Sirio Libanés de Buenos Aires declarado de interés nacional y cultural. El nombre del reconocimiento se debe la milenaria ciudad de Siria donde se originó la escritura moderna de todos los idiomas del mundo.

María Adela Agudo

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María Adela Agudo fue una docente, escritora y poetisa santigueña. Nació en la ciudad de La Banda el 13 de febrero de 1912 y falleció en Tucumán el 27 de enero de 1952.

Trayectoria
Fue maestra normal nacional recibida en la Escuela Normal «Manuel Belgrano» en 1929 y luego siguió en Buenos Aires el profesorado de Letras.

Según Horacio G. Rava, María Adela Agudo se acercó al grupo cultural La Brasa, sin embargo su aproximación fue breve, ya que estuvo más cercana a otros núcleos como el grupo «Vertical» donde publicó sus primeros poemas.

En 1944 participó de la Muestra Colectiva de Poemas. En La Banda dirigió la revista literaria Zizayan, cuya secretaria fue Carola Briones, que significa renacer, florecer, en quichua.

Publicó poesías en La Gaceta, Clarín, Nativa, Cosmorama, integró el grupo La Carpa, Tucumán, que nucleó a escritores representativos del Noroeste del país. \\as literarias como: “Cántico”, “El Correo de Santiago”, “Vertical”, “Tuco”, etc.

En 1949 se negó a jurar por la Constitución reformada ese año, por lo que fue separada de su cargo en forma inmediata. Consiguió algunas horas de cátedra en Frías, pero finalmente decidió radicarse en Tucumán. La acogieron en su hogar el poeta Omar Estrella y su esposa. En esa ciudad dictó clases en el Instituto Juan Bautista Alberdi, dirigido por el escritor Ardiles Gray. Cuenta un gran amigo suyo, el poeta Nicandro Pereyra, que María Adela era una experta en Góngora.

Falleció prematuramente a los 39 años, a causa de botulismo, el domingo 27 de enero de 1952.
Proyección de su obra
En 1953, a un año de su muerte, sus amigos le dedicaron una edición especial, denominada “Agón”, que contiene 32 poemas suyos ilustrados por plásticos de renombre.
Fué cultora de la poesía vanguardista santiagueña, como en “Canto al Hombre del Bosque” (1940) en donde supera a la poesía tradicional, continuando con “A un joven” y “Canto a Sigfrido”.
En Cuadernos de Cultura de Santiago del Estero se recogen poemas inéditos, gracias a la tarea de recopilación de Ricardo Dino Taralli.

Raúl Aráoz Anzoategui la recuerda así “cuando en 1943 vivíamos con Nicandro Pereyra (que era santiagueño tucumanizado) en una pensión de la calle El Congreso en Tucumán, y un señor Olivera, santiagueño de caja y vidala, nos puso en contacto con una alta mujer, atezada, de hermosos ojos nocturnos y rasgados, de cabellera que le caía completamente sobre los ojos. Ella había hecho ya el camino que nosotros comenzábamos, en su solitario taller había escrito los poemas que luego formarían “La guitarra absorta” que no pudo publicar, pero algunos de sus principales poemas forman la edición de Agón. Ella ya había pasado su etapa primigenia y había alcanzado una madurez”

Una asociación literaria, la Asociación literaria «María Adela Agudo», lleva ese nombre a partir del 4 de noviembre de 1961. La Asociación recibió en custodia trece cuadernos manuscritos de María Adela Agudo, “en ellos la poeta registraba ideas para su clases, listas de palabras que probablemente le resultaban atractivas, glosarios de términos quichuas, realizaba también borradores de cartas o notas, copiaba poemas de otros autores que acaso admiraba. En medio de este material diverso y de apariencia un poco caótica, que carece de fechas, es posible encontrar gran parte de su producción poética. “

También lleva su nombre un Jardín de Infantes de La Banda.

La obra de esta autora tiene trascendencia nacional y americana, según lo han testimoniado críticos y poetas al analizar su obra.
Por iniciativa de ex alumnos de la Escuela Normal “Dr. José B. Gorostiaga” de La Banda, Santiago del Estero y la espontánea colaboración de todo el pueblo bandeño, se erigió un mausoleo que guarda sus restos en el Cementerio La Misericordia de esa Ciudad. En 1981 se declaró a su Mausoleo “Monumento Histórico Municipal”.
Así escribía
Como nunca este año
parecen crepitar músicas raras.
Cálida voz del tiempo
monótona, mi alma
recuerda lejanías
auroras perfumadas
y el olor delicioso de almas flores
lilas y delicadas
Caminos míos, graves
por la provincia vasta
blanquecinos de luna
o de tierra quemada

 

A un joven

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María Adela Agudo, La Banda, 13 de febrero 1912 – Tucumán, 27 de enero 1952

A un joven

Han pasado siete años.
Tú eres rubio y con risa de plata,
con un extraño impulso de altura que me dejaba sola,
con un enorme hecho de presentimiento.
Ah nombre que me llenó de dicha.

Después partimos alborozados a la vida
henchidos de ignorancia, sin fatalidad,
con libros y frutas por ciudades en vigilia,
acompañados de ciegas, de alocadas criaturas tan
desprevenidas como nosotros.

¿Tú viste acaso playas de asombro, sirenas fluviales, barcos?
¿Qué mujer te esperaba esfinge o graciosa, qué escultura?
Yo vi las montañas, eran increíbles con jinetes de mujeres
de silencio.

Corté penachos de agua en los manantiales,
lavé guijas para asir su rosada luz;
pero el perfil de las cimas me recordaba tu alejado corazón.
Qué breve es el bullicio
la sonrisa que llena el ditirambo.

Quién te esperaba como a tus versos locos
niño, exaltado adolescente, fugándose,
o tú, casi amor, sencillo, tonto, sin comprendernos.
Ah, qué bermejos luceros brillaban en tus labios,
cómo están llenos de lumbre y de júbilo tus brazos.

Eran más tuyas las palmas, más te embelesaba la aurora.
Las preguntas cantaban mejor que los besos,
la marcha, la carrera, la música, la fraternidad.
Qué querían tus discursos y deportes
que no tenían nada del temblor de la tertulia,
de las tiernas pestañas olvidadas.
No obstante, tu corazón qué espléndido con rumor de
ceibo, con claves de candor.
Yo lo oigo palpitar en la empresa entre plazas y caminos
aún en el renacer cuando se da sin miedo palabra y
juventud,
cuando se ama la rara muerte.
Arrojar la saeta a un pájaro y no matarlo premeditadamente,
chapotear el agua con caprichos y reflejos,
pies desnudos de piedra que se detiene.
Por qué tener unos años más que tú
para qué tanta mujer que me dejaba solitaria
con el niño eterno que jugaba en ti.
¡Joven, goloso de guindas, de asombro, de infinito,
nada más, ah, me duele tanto!

Para qué ser coqueta, por qué la apostura de mis tobillos.
Ay, desconocido y sin embargo Dios te destinaba para
nosotras
o en tu nombre había un temblor inmenso,
un arresto de semidiós, adivinaciones de titán
y algo más, cerca de un imposible, de un acaso revelable
ilusiones de ruiseñor, fantásticas escalas de porvenir.
Te sentías sufrido, fabuloso con los héroes, plantado en los
vergeles del mundo, en la llanura del espacio,
en una ausencia inefable porque las lianas no llegaban a tus
ojos de recato celeste;
eran las maravillas como lianas edénicas que aún no
llegaban a lo alto de cedro.

Retorna a mi eternidad, a mi nudo con el cielo,
yo no soy como tú,
vuelve a mi soledad, donde estamos ataviadas de distancias
seductoras de tu última risa.
Porque yo no tengo aún hijos de sangre
y tú eres para mí un hijo hermoso y el niño y el hombre,
para mí la niña, la madre viva.

Hoy vuelvo a verte rubio como los girasoles
brillando!, tenue y rudo.
Ya no te recuerdo, creo que no has crecido
que eres sólo un efebo sin tiempo.
Mira pasar las mujeres que se transforman,
habla con las vírgenes que atisban el hogar de las rosas,
no oyes venir la memoria, no amas aún la muerte.

Una vez levantaste una muchacha a través del riacho,
otra, te ocultaste en un risco
y luego vimos la sorprendente adolescencia
que quise desnudar tu torso para admirar los músculos
donde aromas y trinos hubiese resbalado.

Qué arrogante la ascensión de tus promesas,
qué deleitoso el tránsito de tus sueños.
Ya te siento llegar hasta el pie de los ángeles
con ojeras, como la sombra del sicomoro,
con heridas antorchas.

María Adela Agudo

El legado inmortal de la chacarera santiagueña

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Agustín Carabajal

Agustín Carabajal (La Banda, Santiago del Estero; 14 de agosto de 1933-La Banda, 14 de junio de 1975) fue un folclorista, músico, cantante, letrista y compositor argentino.

Hijo de María Luisa Paz y Francisco Rosario Carabajal y hermano de Carlos y Cuti; fue apadrinado por el presidente Agustín Pedro Justo por ser el séptimo hijo varón del matrimonio.

Trayectoria musical
Siendo muy joven formó dupla musical con su hermano Carlos, presentándose en La Banda y Santiago. En ese tiempo conoció a Antonio Ramírez con quien luego formó el dúo Los Centinelas. Con él viajó a Buenos Aires en 1956 formando parte de la compañía de cantores y bailarines de Andrés Chazarreta y decidieron quedarse en la ciudad. Más adelante Agustín y Carlos grabaron discos con algunas compañías discográficas.

En 1959 formó, junto a Antonio Ramírez y los hermanos Luciano y Osvaldo Duthu, el grupo Los Cantores de Salavina. En julio de 1963 Agustín dejó el grupo y fue reemplazado por Víctor Quinteros. En octubre de ese año tres de los integrantes (excepto Osvaldo Duthu) fallecieron en un accidente cuando regresaban de una presentación en Bahía Blanca. En homenaje a este grupo se formó Las Voces de Salavina, con los hermanos Agustín, Cuti y Raúl Carabajal y el sobrino Cali Carabajal. Luego Raúl se va del grupo y lo reemplaza el hermano Carlos Carabajal.

En 1967 se formó el grupo Los Carabajal del cual fue miembro junto a Carlos, Cuti y Cali. Fue junto a su hermano Carlos el creador del Festival nacional de la Chacarera.

Fallecimiento
Agustín falleció a los 41 años el 14 de junio de 1975 víctima de una enfermedad terminal. Su hermano Cuti compuso la chacarera Coplas para mi hermano, en alusión a su fallecimiento.

Obras
Canciones registradas en la Sociedad Argentina de Autores y Compositores Sadaic:

Autor y compositor

Alabanza a la Telesita.
Fiesta churita.
Flor adorada.
Rosa del amanecer.
Vidala a la errante.
Autor (letrista)

Chacarera del Itin. Música de Andrés Avelino Chazarreta.
De los lagos. Música de Carlos Carabajal.
El huarmilu. Música de Los Hermanos Ríos.
La del olvido. Con Carlos y Héctor Carabajal. Música de Carlos Carabajal.
La parecida. Música de Leocadio del Carmen Torres.
La Telesita. Música de Andrés Avelino Chazarreta.
Tiempo de pandorgas. Música de Los Hermanos Ríos.
Compositor

Alma de rezabaile. Letra de Carlos Carabajal.
Chacarera del ckari. Letra de Osvaldo Román Andino.
La colita. Con Carlos y Héctor Carabajal.
La rubia Moreno. Letra de Cristóforo Juárez.
Pampa de los guanacos. Letra de Cristóforo Juárez.
Por los telares. Letra de Oscar Díaz.
Señora Macacha Güemes. Letra de León Benarós.
Sueño en el monte. Letra de Cuti Carabajal.
Vidala de los chuquis. Letra de Alfonso Cárdenas.

Julio Argentino Gérez

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Julio Argentino Gerez, hijo de doña Rosalía Gerez, nació el 26 de julio de 1899 en Cuyoc, departamento Banda, Santiago del Estero.

Llamado Julio Argentino en homenaje a Julio Argentino Roca, dos veces presidente de nuestro país.

Cuando él y su hermano mayor Horacio, eran niños, su madre contrajo matrimonio con Manuel Carrizo, quien los crio como verdaderos hijos.

Radicados en La Banda, ingresa a la Escuela Amadeo Jacques, donde terminó el ciclo primario.

Al cumplir 15 años de edad, ingresa como aprendiz en la carpintería de los hermanos Don José y Don Feliz Cordero y posteriormente trabajó en el ferrocarril. Los empleos no le duraron mucho, ya que la vida de músico y su temperamento, no coincidían con los tiempos y exigencias convencionales del trabajo.

Desde niño demostró su pasión por la música y en la adolescencia le llegó a las manos la primera guitarra. Comenzó como jugando y desde las primeras melodías que sacó en el encordado, no abandonó más el instrumento.

Inició su carrera artística formando un dúo de guitarra y canto con Paciente Paz y emprendieron una exitosa gira por el interior santiagueño.

Tiempo después acompañó en el canto al Teniente 1º Juan Carlos Franco, tucumano, que vivía en “San Carlos”, La Banda, casado con la dama santiagueña “Pepita” de Arzuaga Ruiz.

Las “tenidas” en su casa de la calle Sarmiento fueron memorables. Con Santiago Carrillo, siendo jóvenes, pero ya enamorados de nuestra música, deseosos de escuchar cosas acerca de su vida, concurrimos a la casa de su viejo amigo Julio Herrera, invitados por sus hermanos Adrián y Mario. El dueño de casa para nuestro deleite monopolizó la palabra y luego de hablar con emoción de esa larguísima amistad describió con incomparable gracejo, festivos episodios compartidos con nuestro personaje. En un momento dado, cambiando el tono jocoso por otro evocativo, dijo: “Los amigos de Julio tuvimos el privilegio de gozar de las tertulias musicales de su casa y de caminar la noche de La Banda en gozosas e interminables serenatas”.

A mediados de la década del 20 del siglo pasado, su destino de músico y tal vez una frustración amorosa lo llevaron a dejar el solar nativo y radicarse en Buenos Aires.

Estaba en la época de las ilusiones y de la intrepidez para la aventura; en su interior ardía la pasión de ondas armoniosas que le pedían nuevas vivencias. Se alejó del terruño sin más itinerario que sus sueños, sin más fortuna que su fe y triunfó rotundamente en cielos extraños.

Al comienzo, subsistió desempeñando los más insólitos oficios, hasta que logró dedicarse a su verdadera vocación. Principió integrando el dúo Jerez-Estrella, hasta que, en 1927, logró entrar en la radio, paradójicamente cantando tangos. En 1929 compone su gran éxito “La Engañera” y a mediados del año 1932 tuvo su primera oportunidad como solista en el “Círculo Tradicionalista La Querencia”. Su voz de marcado acento santiagueño, más bien aguda, cantó con emoción y reflejos de muchas madrugadas. Estrenó su canción serrana “Juira, Juira” y tuvo como invitado de honor al Dr. Ramón S. Castillo (catamarqueño), ministro del entonces presidente de la Nación Agustín P. Justo quien, al finalizar la actuación, lo felicitó y gratamente impresionado, le ofreció su apoyo.

Cuando mejoró su situación vivió en Boedo y luego en avenida Belgrano 1838 en viejas casonas, de no menos de diez habitaciones. En cada una tenía instalada una enorme jaula donde trinaban o gorjeaban toda clase de pájaros, por los que de niño tuvo una obsesiva debilidad. De pronto se mostraba inquieto porque debía salir con urgencia a comprar alpiste y, sus amigos maliciosos, no sabían si el tal “alpiste” era del que se come o del que se bebe…

Su enorme trascendencia, más que como intérprete, se debe a su valiosísima obra de compositor y poeta.

Actuó en Radio Belgrano y en Radio Prieto; en 1943 se presentó en Rosario de Santa Fe, invitado por el Centro de Residentes Santiagueños. Como guitarrista, integró la orquesta nativa de José María de Hoyos, que con la cancionista Elvirita Tamahsi actuaba en Radio El Mundo. También fue acompañante de Marta de los Ríos y de “La Negra” Tucumana, a quien acompañó en la grabación de dos temas de su autoría, “Chacarera de mis Pagos” y “Corazones Amantes”, con música de José Luis Padula.

Actuó con cierta asiduidad en “El Círculo Santiagueño”, situado en Membrillares esquina Juan Bautista Alberdi y en “Provincianos Unidos”, Pedernera 250, ambos en el barrio de Flores. También era frecuente su presencia en La Enramada (Santa Fe y Godoy Cruz, Palermo), donde compartía mesa, entre otros, con Félix Dardo Palorma, conocido autor y compositor y con Ramón Espeche, considerado por muchos el mejor bailarín de nuestra música; otro de los lugares que acostumbraba visitar era “La Salamanca” , ubicado en avenida Rivadavia pasando Primera Junta, donde se reunía, entre otros con el catamarqueño Felipe Zurita, el bandoneonista Luís Quiroga, y su comprovinciano José Gerez.

Decía don Lázaro Criado: “Allí (refiriéndose a Buenos Aires) en el improvisado techo de una enramada entre propiedades horizontales entrecerraba los ojos como una persiana y cantaba con acento nostálgico al pueblo que le vio nacer, porque si algo tenía de grande y de noble, era que nunca olvidó su origen”. José Antonio Faro, profundo conocedor de nuestro folklore, me refirió que Julio Jerez componía en cualquier parte, mientras comía o tomaba copas en alguna cantina o en su casa y que en muchas noches de su largo insomnio supo levantarse a buscar la guitarra, cuando alguna melodía o copla le cosquilleaba el alma.

Compuso aproximadamente cuarenta verdaderas “joyas”, de marcado tinte nativista, poseedoras de palpitaciones humanas inconfundibles, que nos hacen evocar los líricos romances que cantaron los viejos santiagueños, cuando la naturaleza virgen era fuente fecunda de inspiración y belleza. En su universo creador, reunió armónicamente su arte incomparable con la emoción sincera de lo grande y eterno e instaló en las almas sensibles la fantástica visión de su tierra natal, con sus selvas seculares y sus bellas llanuras en su reciedumbre agreste y muda. Dentro de una línea clara de tradicionalismo, Jerez agregó introspección y mayor vuelo poético a la música folklórica santiagueña. Con un estilo profundo, combinó lo erudito con lo popular y fundió su música con el espíritu del santiagueño.

Editorial Musical Buccheri, publicó un álbum con once temas suyos titulado, “De mis pagos. Danzas y Canciones Santiagueñas por Julio A. Jerez.”.

Juntamente con la enumeración de los mismos, transcribiré sus dedicatorias, porque a través ellas, conoceremos algunos de sus afectos;

  1. De mis pagos. “A mi gran amigo y comprovinciano Sr. Aristóbulo del Valle Paz y familia”.

En la última estrofa de esta chacarera, expresa,

De La Banda hasta Santiago

Hay un puente que cruzar

No le empines mucho al trago

Porque puedes resbalar.

Con respecto al segundo verso de esta copla, cuando expresa: “hay un puente que cruzar”, me parece oportuna la siguiente aclaración: Por lo general, los santiagueños cuando escuchamos esta parte, pensamos en el puente carretero, pero en realidad hace referencia al viejo Puente Negro (fuera de servicio desde hace muchísimos años), al que podemos ver desde lejos en nuestra costanera.

Antes de 1927, año en el que se inaugura el puente carretero, una de las maneras de unir Santiago y La Banda era el bote. Éste salía a la mañana temprano desde la orilla de La Banda, a la altura de El Polear y terminaba su recorrido en nuestra ciudad capital, poco antes de lo que hoy es la Universidad Católica. Volvía a La Banda poco después del mediodía. Los bandeños, que venían juntos luego de realizar sus gestiones, tenían por costumbre, que los que se desocupaban primero esperaran a los demás, en un bar situado en Alsina y Olaechea, a quinientos metros aproximadamente de donde tenían que tomar el bote de vuelta. El lugar se llamaba “La Amistad”. Eran tan habituales las peleas que se armaban entre los parroquianos, que con el tiempo el ingenio popular le cambió el nombre de “La Amistad”, por el de “Luna Park”.

Otro medio de comunicación era el ferrocarril, que, con varias frecuencias diarias, corría por el “Puente Negro”, siendo la última a las veintiuna desde Santiago a La Banda. Finalmente, también se podía cruzar caminando. O sea que quien perdía el último tren, debía hacer tiempo hasta las cinco y media de la mañana en que salía la primera frecuencia o, caso contrario, volver a pie.

En aquel entonces, una de las posibilidades de pasar la noche, era quedarse en la “Esquina al Campo”, situada en las calles Jujuy y La Plata, a dos cuadras de la estación. El boliche se denominaba así, porque cuando comenzó a funcionar, nuestra ciudad hacia al norte, finalizaba precisamente en ese lugar. Esta manera de “acortar las horas” con música y alcohol, era la elegida invariablemente por Julio Jerez.

La otra alternativa, que es a la que se refiere la copla, era volver a pie. El recordado Puente Negro tenía, aproximadamente, mil ochocientos metros de largo; la parte peatonal del mismo estaba dos metros más abajo y corría paralelamente a las vías; la pasarela o tablón por el que se caminaba, era de treinta y cinco centímetros de ancho y sólo tenía para tomarse una endeble baranda. Como podrá advertir el lector, el consejo de la copla era plenamente justificado, ya que era peligrosísimo cruzar el puente con varios tragos de más.

Mi pariente Marcelo Ábalos Alcorta, me dijo al respecto: “De chico he escuchado a la gente mayor afirmar que varios borrachos habían caído al agua y que más de uno se había ahogado.”

Sigamos con las canciones del álbum:

2- Ayayitay. (Canción serrana). “Para mi buen amigo y admirado compositor indo-americano Atahualpa Yupanqui”.

3- Karisito. (Triunfo). “A mi excelente amigo Hilario Cuadros y a los demás integrantes de su popular conjunto Los Trovadores de Cuyo”.

4- Sendita florida. (Bailecito) “Al Teniente Coronel Sr. Antonio Fernández Lima y a su distinguida esposa Doña Manuela Rodríguez Villar”.

5- Noche, noche, tuta, tuta (Bailecito). “Al meritorio médico argentino, Dr. Adolfo Tagliaferro Almeyra”.

6- Criollita de El Tajamar, milonga. (Danza típica argentina). “A la destacada estilista criolla Dorita Zárate”.

7- ¡Engañera…! (Zamba) “A mi querido amigo, de corazón gaucho por excelencia, Sr. Feliciano Ignacio Lucero”.

8- Tupi, tupi (chacarera). A la Dirección y personal de la Editorial Buccheri Hnos., verdaderos paladines de la música nativa”.

9- La procesión (Bailecito). “A la prestigiosa institución criolla Círculo Santiagueño de Buenos Aires”.

10- De vuelta al pago (Canción). Para el digno Presidente de la Institución Tradicionalista Argentina El Ceibo Dr. Eduardo A. Ramos.

11- El bandeño (Gato). “A mis queridos amigos de La Banda José Saavedra, Felipe Ortiz, Julio Herrera y Vicente Grecco».

Los restantes temas de su autoría son: los bailecitos Cuando me Aleje, El Pregonero y Viditay; las canciones Glorias Cuyanas, Estampa gaucha, con música de Domingo Plateroti, ¡Juira, Juira!, Huayra Rupas y Tardecita Norteña, que fuera del repertorio de Ignacio Corsini; los escondidos ¡Que siga el baile! Y Coro pampa; los gatos El Pamperito y Rasgueando; Así soy, palito; Karisito y Estampa Gaucha, triunfos; Muchacha de mi Pueblo, vals, con letra de Eduardo Moreno; Escuelita de campo (vals); Vidala del adiós; las zambas Huella Huella, Zambita de allá, Ya me Voy, Torcacita, Corazones Amantes con música de José Luís Padula, Camino de Buenos Aires, con letra de Juan Manuel García Ferrari y Aleluya Santiagueña; las chacareras La Baguala, Amargura, La del Payador, La Despedida, Chacarera del Arbolito, con música de Atahualpa Yupanqui y “Añoranzas”, que hoy forma parte de los símbolos provinciales santiagueños. En el artículo 233 de la Constitución de Santiago del Estero, leemos: “Adóptase como Himno Cultural de la Provincia de Santiago del Estero a la obra musical ‘Añoranzas’ (Chacarera), con letra y música del poeta Julio Argentino Jerez.”

También son de su autoría la chacarera inédita “Hagan llover” y su obra inconclusa, “Apología de la chacarera”:

Qué tiene la chacarera

Qué tiene que hace alegrar

A los viejos zapatear

Los mudos la tararean

Y los sordos se babean

Cuando la sienten tocar.

Es tristeza, es alegría

Es una danza es canción

Es alma de una región

Que evoca la raza mía

Ella es rara melodía

Nacida del corazón.

Su cuna fue un humilde rancho

Un bombo la bautizó

Y un paisano la cantó

Con versos improvisados

Salavina ha reclamado

Diciendo que allí nació.

Ella nació como yo

En el pago del mistol

Donde quema mucho el sol,

Se pita cigarro i chala

Donde se cantan vidalas

Y ser criollo es un honor.

Hasta aquí lo escrito por Julio Argentino; el autor de la estrofa que sigue, es decir de la última, sería el Doctor José Antonio Faro, según nos comentaran a Leandro “Meneco” Taboada y a mí, los amigos de los mencionados más arriba.

  • Veamos la última parte:

Chacarera, chacarera

Melodía montaraz

Sos arrullo de torcaz

Bramido de tigre y puma

Sos más criolla que ninguna

Tan noble como Jesús.

El último verso “Tan noble como Jesús”, fue modificado por alguno de los recitadores y en la actualidad es el elegido por el público:

Chacarera, chacarera

Melodía montaraz

Sos arrullo de torcaz

Bramido de tigre y puma

Sos más criolla que ninguna

Y aquí te quiero cantar.

De estatura común, algo corpulento, rostro blanco y ojos rasgados, solterón empedernido, no tan bien parecido pero, paradójicamente, exitoso con las mujeres y, según se decía, “ellas adivinaban los tesoros líricos que aquel hombre llevaba en su interior…” Conversador amenísimo, bohemio absoluto, hermano de la noche y del vino, el que habitualmente lo alegraba, aunque a veces lo ponía nostálgico y otras un tanto alborotador. Gastó su vida en la tertulia amable, rodeado de amigos queridos en los que volcaba su ternura, pero supo dejar para sí el espacio de soledad necesario que le permitió cristalizar su bellísima obra.

“Birilli” Sánchez una de las personas que más estuvo a su lado, me dijo: “Muchas veces cuando creía que estaba solo, sin advertir mi presencia, lo he visto silbar bajito, abstraído, como buceando en su memoria y tengo para mí el convencimiento de que en aquellas circunstancias, él recordaba a la bandeña de su desengaño”. Lucila Bravo se llamó la musa inspiradora de sus temas “La Engañera”, “Ya me voy” y “La Despedida”.

¡Qué inolvidables noches de bohemia aquellas en que participaba Jerez, que comenzaban en la antigua churrasquería “El Pensamiento” en la Plaza Lorea y terminaban en el “Berna”, de generala corrida, en el estruendo de los dados”.

Sus contertulios de siempre eran Félix Pérez Cardoso, Hilario Cuadros, Buenaventura Luna, Miguel Ángel Miranda, “Lito” Bayardo, José Luis Padula, “Atuto” Mercau Soria, Dardo Félix Palorma y excepcionalmente algunos más jóvenes, como Ariel Ramírez y Pedro Pascual Sánchez.

En cuanto a su material discográfico, pese a mi búsqueda incesante, solamente he conseguido dos discos de 78 revoluciones, con dos temas cada uno: el primero tiene en una faz “Coro Pampa” y en la otra “La Torcacita”. Los músicos que lo secundaron, fueron: los hermanos Andrés, Antonio y Luís Ríos en bandoneón, Raúl Infante en violín, Werfil Maldonado (guitarra), Julio Carrizo (guitarra), Pedro Pascual “Birili” (guitarra y 2ª voz) y José Antonio Faro en el bombo; en el segundo “La Candelaria” (zamba de E. Falú y Jaime Dávalos) y “La Huella”. (Danza Tradicional). En esta oportunidad lo acompañan, José Gerez y Leopoldo Díaz (bandoneón), Segundo Gennero (piano), Raúl Infante (violín), Benito Gerez (guitarra), Julio Carrizo (guitarra) y Pedro Pascual “Birilli” Sánchez (guitarra y 2ª voz) y Aníbal “Ani” Gerez, (hijo de José Gerez, en bombo).

Luego de su larga estadía en Buenos Aires…

Después de muchos años sin regresar como músico a su tierra natal, lo hace al frente de una orquesta nativa de diez ejecutantes, contratado para tres recitales en el “Parque de Grandes Espectáculos”. El anuncio de su presencia causó una extraordinaria expectativa y su debut, el jueves 26 de marzo de 1953, constituyó un verdadero acontecimiento amistoso-musical. La orquesta estaba integrada por los Hnos. Andrés, Antonio y Luis Ríos (bandoneón), Pedro Pascual “Birili Sánchez, Julio Carrizo, Werfil “Catingo” Maldonado, Benito “El fiero” Gerez y Miguel Faro (Guitarra y Coro), “Atuto” Mercau Soria, (guitarra, quena y coro) y finalmente José Antonio Faro (bombo) . Todos ellos habían venido de Buenos Aires, acompañados por Santiago Adamini, en ese entonces directivo y luego presidente de Sadaic. Para dar aún mayor brillo, complementaron el espectáculo el recitador Sixto Cortinez y la pareja de bailarines integrada por Carlos Saavedra, ganador de varios concursos provinciales, y Clara Rosa Ramírez, clasificada como la mejor bailarina del año anterior.

Al día siguiente la pareja de danzas estuvo formada por Aldo Camaño y Clara Ramírez y el último día, es decir el sábado 28, por Miguel Ángel Navarro y Clara Ramírez.

Julio Jerez tenía programada una extensa gira por el norte que finalizaría en la ciudad de La Paz, Bolivia. La fuerte emoción del reencuentro y el calor y entusiasmo de sus coterráneos, le hicieron cambiar su hoja de ruta, quedando en Santiago mucho más tiempo del previsto. Esta circunstancia motivó que varios de sus músicos no pudieran acompañarlo durante toda su permanencia. Se sumaron entonces a la orquesta, Justo Marambio Serrano, Héctor Carabajal, Pedro Aparicio “Apalo” Villalba, “Chori” Paz, Rulo González y N. Maidana .

En La Banda se presentó el domingo 29 de marzo en el Centro Recreativo; el 4 de abril en Club Olímpico y en fecha no precisada, en “La Salamanca” de “Tilo” Argañaraz.

A fines de abril se presentó nuevamente en la ciudad de Santiago en “El Tinguilo”, y en el baile de “Grazziani”.

Más allá de lo profesional, cantó “de puro gusto nomás”… en clubes, bares y bodegones de aquel entonces; tal es el caso del almuerzo en el “Centro de Viajantes”, organizado en su homenaje por la comisión provisoria del “Instituto de Folklore”. Estuvieron presentes los Dres: Mariano R. Paz, Horacio G. Rava, Emilio Christensen, Juan Delibano Chazarreta, Marcos J. Figueroa, Guillermo Helman y Alfredo Gargaro; Sres. Julián Díaz (Cachilo), Hipólito Noriega, Domingo Bravo, Napoleón Únzaga, Ramón I. Soria, Alejandro Bruhn Gauna, Raúl F. Monti, Nabor Barrionuevo Justo Marambio Serrano y el “Duro” García, su cuñado. Esa misma noche y luego de una recordada jornada, Julio Jerez y el Dr. Mariano Roberto Paz se trasladaron al viejo edificio del Jockey Club, ubicándose en el salón que da a la calle.

El aplauso de los presentes y su buena disposición, crearon el clima propicio para que se improvisara rápidamente la orquesta. Acompañado por la recordada Sra. Juanita Martínez de Viaña en el piano y por el Dr. Mariano Roberto Paz en el bombo. Julio Jerez comenzó a cantar entre las mesas, convirtiendo en mágica esa noche.

“El Rincón de los Artistas”, inigualado refugio de don Pedro Evaristo Díaz, situado en calle Tucumán 62, Bar “Los Tribunales” de Marcelo Contreras , en calle Libertad 477, pegado al entonces Tribunales, hoy Municipalidad de la Capital, y “Jaime Roldán” , avenida Moreno y Libertad, fueron algunos de los reductos visitados por Julio Jerez en nuestra ciudad capital.

En La Banda estuvo guitarreando en el boliche de “Los Bravo”, calle Besares al frente de la Estación Central Argentino, lugar en el que se reunían espontáneamente cantores y poetas y por supuesto que visitó “El Tenemelo” de “Tino Morales ”.

En este viaje recibe la consagración musical en su propia provincia. ¡Había logrado su sueño!

La última vez que cantó ante el público

Julio Carrizo, guitarrista que lo acompañara en sus grabaciones, me relató que poco tiempo antes de su muerte, durante una actuación de la orquesta folclórica de José Gerez en el Centro de Provincianos unidos, llegó Julio Jerez. Cuando el público advirtió su presencia, aplaudiendo le pidió que cantara. Sin hacerse de rogar, subió al escenario e interpretó “Huella, Huella”, zamba que le pertenece y “Chacarera del arbolito” también suya, con letra de Atahualpa Yupanqui”.

Este lindísimo tema, prácticamente desconocido, que hasta el día de hoy no ha sido grabado, es la única chacarera trunca compuesta por Julio Argentino Jerez.

Sé por Roberto Chavero, hijo de Atahualpa, que es inminente su grabación.

Mientras tanto les hago conocer la letra.

¡Arbolito de mi tierra! ¡Arbolito de mi tierra!

Llenito de sombra buena! Tú sabes mis padeceres:

En algo nos parecemos: de chango, mis travesuras

Mi sombra se llama pena. Y de mozo, mis placeres…

El calor de nuestros pagos Si habré cantado a tu sombra

Nos llena el alma de cantos la vidala de mi pago!…

Que, a veces parecen dichas ¡Penas, tambor y esperanzas,

Y, a veces parecen llantos… a la moda de Santiago!

¡Arbolito de mi tierra! ¡Arbolito de mi tierra!

¡Sombrita del peregrino! ¡Yo te envidio tu destino!

¡Yo siempre busco tu amparo ¡Siempre florece tu sombra

Cuando me cansa el camino! Cuando queman los caminos

¡Algarrobo santiagueño ¡Algarrobo santiagueño

Llenito de cicatrices! Llenito de cicatrices!

Tus penas las sabe el viento… Tus penas las sabe el viento…

¡Sólo al viento de las dices! ¡Solo al viento se las dices!

Julio Argentino Jerez, luego de volver de un homenaje que se le ofreciera, murió en la ciudad de Buenos Aires el 21 de septiembre de 1954 a las tres de la tarde de edema agudo de pulmón.

Haciendo honor a su bien ganada fama de mujeriego, dejó tres “viudas”: Julia Crivelaro , la “Gorda Buitrago y Esther Coronel .

Muchos años después, en una memorable reunión en el “rancho de Ibarra” escuché la versión desopilante de “Birili” Sánchez, Julio Carrizo, José Antonio Faro y Antonio Ríos, sobre el plan que se les había ocurrido y la ejecución del mismo con el fin de evitar el encontronazo de las “viudas durante el velatorio.

Relataron que de acuerdo con lo resuelto, cada uno de los tres primeros se encargaría de una “viuda” y que Antonio Ríos haría de coordinador. En la habitación donde lo velaban, había dos puertas, una de las cuales daba al exterior. Entró la primera y, pasado un tiempo prudencial, “Birili” se encargó cariñosamente de sacarla al patio; De inmediato Antonio Ríos, con una seña disimulada, le advirtió a Julio Carrizo que el camino había quedado despejado. Éste tomó del brazo a la segunda y la acompañó hasta el ataúd. Mientras tanto el “Gordo” Faro, con tono de ocasión y palabras de consuelo, distrajo a la última de las viudas hasta el momento en que le tocó su turno de despedirlo. Y así finalizó sin inconveniente alguno, el singular velorio Julio Gerez.

Había otorgado su testamento en forma de chacarera, cuando en “Añoranzas” expresa:

Tal vez en el campo santo

no haya lugar para mí

paisanos les vua pedir

antes que llegue el momento

Tirenme en campo abierto

pero allí donde nací

Sus amigos, recogiendo su anhelo, iniciaron inmediatamente un movimiento conducente al traslado de sus restos.

Volvió a La Banda, ciudad a la que estuvo ligado por lazos afectivos indestructibles, en el tren Estrella del Norte el sábado 25 de septiembre a las 9,20, traído por su cuñado “el Duro” García, que había viajado al efecto y el Dr. José Antonio Faro, representante de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores.

En la estación de La Banda se había reunido gran cantidad de gente. Fue llevado a la casa de su madre, Sarmiento 494, literalmente cubierto de flores. Allí permaneció hasta las 16, en que se inició el imponente cortejo; la gente condujo el ataúd a pulso hasta el cementerio. El acompañamiento con música de bombos y guitarras, se detenía en las esquinas, ejecutando una chacarera en cada una de ellas, constituyendo una verdadera elegía folclórica. Tales manifestaciones se acentuaron y alcanzaron su máxima expresión cuando ya al borde de la tumba lo despidieron con un sentido responso de música vernácula. ”. Dijo EL LIBERAL: “Se deshizo en lágrimas incontenibles la angustia que oprimía todos los corazones de los presentes y el llanto fue el desborde de ese nudo que ceñía las gargantas con el pesar y el dolor por el ausente”

Allí hicieron uso de la palabra: José Antonio Faro en representación de Sadaic y por los folcloristas santiagueños residentes en Buenos Aires; José Fernando Arias, por la Municipalidad y la Comisión Honoraria Municipal; Alejandro Bruhn Gauna por la peña “Andrés Chazarreta del Centro de Viajantes; Hipólito Noriega en nombre de la comisión provisoria del Instituto del Folclore; Juan Simón, por sus amigos personales; Nabor Barrionuevo por la peña “Benicio Díaz”, y Leandro Martínez, por sus amigos bandeños y, al hacerlo, anunció la formación de la peña “Julio Argentino Jerez”. Fuente: www.atahualpayupanqui.org.ar

Artistas Populares, El folclore de Santiago del Estero, Folklore, Julio Argentino Gerez

Fuente leyendasdelfolcloresgo

 

Blanca Lelia Irurzun 

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Blanca Lelia Irurzun 

Blanca Lelia Irurzun fue una escritora, poetisa, artista plástica y docente santiagueña.
Nació en la ciudad de La Banda el 11 de junio de 1910 y falleció en Buenos Aires el 9 de enero de 1989. Hija de Bernardo Irurzun y Mercedes Salaberri de Irurzun, docentes que fundaron uno de los primeros establecimientos educativos de La Banda, la Escuela Libertad.

Egresó como maestra normal de la Escuela Normal Manuel Belgrano a los 15 años, ejerció como docente en la Escuela Libertad y llegó a ser Inspectora de Escuelas Nacionales, cargo en el que se jubiló. En el desempeño de sus funciones recorrió el interior santiagueño, lo que la llevó a conocer íntimamente la vida de las personas humildes, dejando testimonio de sus impresiones y del amor por su tierra en gran parte de su obra.
Su labor cultural y literaria es muy extensa. Fue miembro del grupo cultural La Brasa, fundadora de sociedades de escritores y artistas plásticos.

Su obra literaria abarcó todos los géneros: narrativa, ensayo, poesía, teatro y artículos periodísticos. Colaboró con distintos diarios como “La Capital” de Rosario, “El Independiente” de Salta, El Liberal de Santiago del Estero y la revista “Picada”. En incontables conferencias difundió la obra de escritores de Santiago.

También recibió numerosos premios, citamos entre ellos el Primer premio de la Comisión Nacional de Cultura en 1942 por “Emoción y sentido de mis llanuras” y en reconocimiento a su trayectoria, el Gran Premio de Honor de SADE – Santiago del Estero en 1981. Su poema “Los ojos de los niños“ fue musicalizado por Horacio Banegas.

Obras:

Changos – 1939 – relatos costumbristas
Horizontes – 1941 – poesía
Emoción y sentido de mis llanuras – 1942 – Ensayo
El racimo verde – 1946 – relatos costumbristas
Sobre cántaro reseco agua fresca y clara – 1968 poesía
Datos para la historia del pueblo que nombro y que amo – 1972 – ensayo
Luna florecida en blancos astronautas – 1981 – poesía
Geografía emocional de mi tierra
Cuentos demorados
Teatro: Las manos al sol – Juan Francisco Borges – Es que algunos … están ciegos – Una mujer

Fuente ADN

Vicente «Vichi» Castineiras y Carlos Carabajal

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Foto Jorge Emir Llugdar

Vicente Vichi Castiñeiras y Carlos Carabajal recibiendo distinciones de manos del Intendente Ing. Luis Simón durante los festejos del Prier cumpleaños de la ciudad de La Banda, año 1981″